
En mayo de 2023 hemos recibido a varios profesores de Dinamarca, Finlancia y Eslovenia con el objetivo de fortalecer nuestras relaciones institucionales con Europa
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En mayo de 2023 hemos recibido a varios profesores de Dinamarca, Finlancia y Eslovenia con el objetivo de fortalecer nuestras relaciones institucionales con Europa
Esta decimocuarta semana se ha visto marcada por un fin de semana animado, marcado por el calor veraniego.
He de destacar que soy una persona que prefiere mil veces el frío, ya que el calor y el sol intenso siempre han tenido un efecto drenante en mí. En este sentido, me siento muy en sintonía con los ordenadores, ya que literalmente noto como con el sobrecalentamiento del verano me ralentizo, mis pensamientos se hacen más pesados, y me canso mucho antes, teniendo que detenerme y refrescarme antes de poder retomar cualquier tipo de actividad.
Teniendo esto en mente, debo decir que el verano en Tetouan no es tan desagradable como allí en España. Las temperaturas máximas, aunque ya resultan intolerables para mi aguante personal, son considerablemente más bajas que en Madrid, por no mencionar que hace mucho más viento y, quizá lo más importante de todo, las noches vienen acompañadas de bajadas de temperatura significativa, sirviendo como refugio para recargar pilas.
No obstante, es cierto que el piso en el que estoy está mal equipado contra el calor, sin ningún tipo de ventilador o aire acondicionado, y con la mala suerte de que mi habitación está orientada de tal manera que durante el día y la tarde recibe el sol de lleno, lo que la convierte en un pequeño horno y me motiva a pasar más tiempo fuera, dónde la temperatura es más soportable.
A raíz de esto, este fin de semana realicé dos actividades que jamás habría previsto que se interconectarían:
El viernes me apunté junto a mi compañera de piso a un Free Tour por Tetouan, para ver si descubríamos secretos que no hubiéramos visto previamente.
Principalmente visitamos la medina, y vimos que, pese a llevar varios meses recorriéndola todos los días de camino al trabajo, aún guarda muchos secretos.
Visitamos zonas de la medina reservados para la venta de telas tejidas a mano por los Amazigh o Bereberes (Ambos nombres problemáticos y arraigados en un colonialismo que daría para escribir varias entradas en un blog totalmente diferenciado de este, pero invito a cualquier persona que lea esta entrada a investigar al respecto), así como distintas rutas que desconocíamos y que definitivamente visitaré a lo largo de estos días de forma más detenida.
También descubrí la última pieza del puzzle que permite recorrer la medina sin ningún miedo a perderse.
Las calles de la medina tratan de una serie de callejones laberínticos y estrechos, con muchas calles sin salida y muy parecidas entre sí, pero cuando sabes en qué fijarte, en realidad resulta muy sencilla de recorrer:
En Tetouan, la medina tiene 7 puertas que la conectan con diversos distritos de la ciudad, y todas sus calles siguen un código compuesto de unas losetas con símbolos grabados, y un diseño diferenciado de la parte central.
De esta manera, viendo los símbolos puedes saber qué hay en la cercanía. Un símbolo representa fuentes con agua, otro símbolo representa la presencia de una de las 7 puertas, otro símbolo representa que estás acercándote a un monumento o barrio histórico, mientras que el último símbolo representa que estás entrando a una zona reservada a la artesanía.
Además de estos símbolos, que están justo en el centro, verás un código muy simple pero efectivo para diferenciar las tres tipo de calles que componen este patrimonio de la humanidad:
Si el centro de la calle está compuesto por tres losetas paralelas entre sí, sabes que estás recorriendo una calle principal.
Por otro lado, si el centro de la calle se compone de dos losetas paralelas, es una calle secundaria.
En última instancia, te puedes encontrar una calle con una sóla fila de losetas centrales, lo cual indica que vas a dar a un callejón sin salida.
Con esta información en mente, la medina ya no guarda secretos, y lo que antes era un laberinto de callejones imponente y misterioso, ahora es incluso más sencillo de navegar que las calles abiertas y largas de cualquier ciudad moderna.
Durante nuestro free tour, hicimos buenas migas con el guía local, que nos invitó a un té y con quien hicimos planes de bajar a la playa de Cabo Negro al día siguiente.
Ese día se nos unió Llyas, un malagueño de ascendencia argelina que visitaba la ciudad durante el fin de semana, y los cuatro juntos pasamos un día lleno de risas y conversaciones sobre nuestras vidas y formas de entender el mundo, además de jugar al parchís, pasatiempo muy establecido en Marruecos, y con reglas similares pero diferentes a las de España, y, por supuesto, remojarnos en el mar.
También aprovechamos la cercanía a la playa para comer en un restaurante situado justo al lado del puerto en el que traen los peces recién pescados, y darnos una buena panzada a calamar, sardinas y gambas por un precio totalmente anecdótico:
En definitiva, tal y como prometí, este fin de semana marca el inicio de unas semanas en las que podré subir entradas más refrescantes y llenas de actividades, y más aún ahora que contamos con el contacto de una persona local dispuesta a llevarnos a mil y una aventuras, para marcar el último mes de mi estancia en Tetouan con el frenesí característico del verano.
¡Y llegó el momento que tanto intentaba posponer! Oficialmente os escribo mi última entrada desde Bérgamo, cerrando la semana 13 y, con ella, una de las etapas más brutales de mi vida. Estos últimos días han sido una mezcla extraña de nostalgia, prisas de última hora y el clásico estrés de «no sé cómo va a caber toda mi vida en esta maleta de mano». El trabajo ha llegado a su fin y despedirme del taller, de las herramientas y de la rutina diaria ha sido más duro de lo que pensaba; mirar la mesa de trabajo vacía después de haber estado reparando desde equipos informáticos hasta esa mítica PlayStation 5 me dio un vuelco en el corazón, pero me voy con el orgullo del trabajo bien hecho y sabiendo que he crecido muchísimo profesionalmente. El resto de la semana lo he pasado recorriendo mis rincones favoritos de la ciudad por última vez, tomándome ese café espresso de despedida mirando a la Città Alta y asumiendo el calorazo italiano que ya se ha quedado instalado del todo. El día antes de coger el vuelo de vuelta a España me dediqué a dar un último paseo en solitario por las calles empedradas, saboreando el silencio de una ciudad que al principio me era completamente ajena y que hoy siento un trocito más mía. No ha habido grandes fiestas ni cenas multitudinarias porque casi todos ya se habían marchado, pero cerrar la puerta del piso por última vez, escuchar el sonido de las ruedas de la maleta contra el suelo de Bérgamo y mirar hacia atrás antes de ir al aeropuerto ha sido el momento más real de todo el viaje.
Con esta entrada me despido no solo de Bérgamo, sino también de todos vosotros que me habéis estado leyendo semana a semana al otro lado de la pantalla. Empecé este blog como un diario para no olvidar los detalles y se ha convertido en el testigo de cómo tres meses pueden cambiarte por completo. Me llevo las risas, las tardes de Mario Kart con gente increíble, las noches en vela en las terrazas arreglando el mundo, el orgullo de haberme ganado el respeto de mi jefe y la mochila cargada de madurez y anécdotas que contaré durante años. El Erasmus no es solo el destino, es la gente que te cruzas y lo que descubres de ti mismo cuando te sacan de tu zona de confort. Gracias por acompañarme en esta aventura italiana tan jodidamente perfecta. ¡Nos vemos por España, ci vemos presto!
Hoy ha sido un día intenso, despedidas, equipaje, viajes a Berlín, facturar maletas… Estoy muy agradecido por haber podido ser parte de esta experiencia, que me ha enseñado a valorar la independencia, a mejorar mi inglés y a evolucionar tanto personal como academicamente.
Estoy agradecido a Isabelle por enseñarme estos tres meses y no perder la paciencia en ningún momento, dándome unas libertades en el laboratorio que jamás hubiera imaginado. A Max por ayudarme siempre cuando no podía estar más perdido y a Rasha que no me aburría nunca porque siempre tenía tareas para mi (en el buen sentido). También contento por toda la buena gente que he conocido aquí, me llevo un buen recuerdo.
Con esto me despido del blog y de Alemania, al final Jena no estaba tan mal como parecía 🙂
Hoy me despido de los experimentos ya que mañana es un día para preparar papeles y decir hasta siempre a la gente que me ha acompañado estos tres meses y me ha visto aprender desde 0.
Mi supervisora me ha dado un ELISA y unas muestras que he hecho yo desde el inicio, creo que es un buen experimento para despedirme porque aunque he ayudado siempre, nunca lo he hecho desde el inicio yo solo. Siendo sinceros no le tengo mucha fe porque me inventé un poquillo el protocolo, pero quien sabe lo mismo así descubro algo…
Creo que lo que mas me va a dar pena de dejar Jena es despedirme de mi oficina, que me han tratado tan bien, han confiado en mi y sobre todo han tenido muchísima paciencia. Creo que esta será la penúltima entrada de mi blog, a si que todavía no me despido
Debo empezar pidiendo disculpas por la ausencia de entrada de blog para mi duodécima semana en la experiencia Erasmus+ Lo cierto es que fue una semana agotadora, durante la cual dediqué a mi trabajo bastantes horas extra fuera de las que figuran en el acuerdo Erasmus+, puesto que se juntaron los exámenes DELE de Mayo, en los que cientos de Tetuaníes se ponen a prueba para conseguir un certificado de dominio del lenguaje español que les permita aspirar a mejores vidas, con la feria del cómic de Tetuán, un evento pequeño organizado por la universidad de artes, en la cual el Instituto Cervantes abrió un stand promocional de su biblioteca, a cargo de la otra becaria y de la persona que escribe estas líneas.
Debido a ello, lo cierto es que si bien tenía en mente subir un par de entradas el domingo, como ya se ha vuelto habitual, ese día estaba tan agotado y desprovisto de fuerzas que se me terminó pasando el tiempo.
Hoy tampoco tengo muchas energías para escribir una entrada genuinamente interesante, las cosas como son. Pero por un motivo totalmente distinto.
Esta semana se celebraba el sacrificio del cordero aquí en Tetouan, con lo cual el centro cerraba, y aprovechando el momento decidí viajar de vuelta a España para recuperar contacto con mi familia, mi pareja y mi gato George.
Por tanto, escribo esta entrada recién llegado a Tetouan del aeropuerto, y sin ganas de nada más que tirarme en la cama y descansar, para mañana volver a la rutina en el Cervantes.
No obstante, esta tarde intentaré añadir una segunda entrada hablando más en detalle de las experiencias durante la feria del cómic y los exámenes DELE, y en las semanas que quedan de mi aventura Erasmus+ haré por ser más puntual a la hora de anotar los recuentos.
Este fin de semana ha sido un poco raro, siento una mezcla entre felicidad y un poco de pena. No se en que momento han pasado 3 meses y me voy en 4 días… Ojalá poder decir que esta ultima semana he salido mucho y he disfrutado pero la verdad que me he dedicado a arreglar y recoger el piso, hacer la maleta, preparar la defensa del TFG, estudiar, entre otras cosas, por lo que siendo sincero no es que haya disfrutado un montón.
Junto con las mil cosas que tenía que hacer la tormenta que ha caído este fin de semana tampoco es que haya ayudado mucho. Estoy deseando volver a Madrid pero un poco en el fondo también me da pena dejar todo esto atrás.
La segunda mitad de la semana ha sido bastante más tranquila, introspectiva y casera, dedicada casi en su totalidad a la apasionante y nada aburrida tarea de rellenar formularios, validar firmas y terminar el papeleo infinito de la universidad para dejar todo legalizado de cara a la vuelta a España, que ya es en solo ocho días. Entre contratos de prácticas, certificados y el inicio de organizar mentalmente la maleta para que quepa todo lo acumulado en este tiempo, no ha habido espacio para grandes escapadas en tren ni viajes locos de última hora, pero la verdad es que el cuerpo me pedía parar un poco, descansar y asimilar todas las emociones acumuladas. El momento verdaderamente especial y mágico de estos días —y probablemente uno de los mejores recuerdos de toda mi estancia— fue la última noche de los únicos amigos que me quedaban aquí antes de que tuvieran que coger su vuelo de regreso a casa. Nos subimos a la terraza de su piso con algo de beber y nos dieron las cuatro de la mañana sin apenas darnos cuenta, simplemente arreglando el mundo, hablando de lo que nos depara el futuro y recordando las mil anécdotas, risas y choques culturales que nos llevamos grabados de este Erasmus. Mirar el perfil iluminado de Bérgamo de madrugada en completo silencio con la gente que ha hecho que esta experiencia sea verdaderamente inolvidable fue el broche de oro perfecto, recordándome que, aunque la aventura italiana se termine y toque volver a la realidad de la rutina, las personas y los momentos se vienen conmigo para siempre bien guardados en la maleta. ¡Comienza la cuenta atrás definitiva para el regreso!
Estos dos últimos días que he estado en Oporto he estado terminando el curso de ingles y preparando la maleta, también he pasado estos dos días por la farmacia un rato por que mi tutora todavía me tenia que firmar unas cosas y también porque una de las farmacéuticas me prometió que me haría la carne de las bifanas para que tenga algo para comer por el camino y además así aproveche para despedirme de ellos ya que me hicieron bastante compañía incluso fuera de la farmacia.
También me da pena irme ya que si me pudiera quedar en Oporto la jefa de la farmacia ya me dijo que me hubiera contratado para la parte de pedidos a domicilio y ya que cuando supiera mas el idioma ya me cambiaria a mas tareas, pero tristemente no puedo quedarme pero sin dudo voy a volver para verlos de nuevo
¡Hola a todos! Arrancamos la semana 12 y tengo que admitir que ha empezado con un sabor bastante agridulce, porque ya me queda menos de una semana en Bérgamo y la nostalgia está empezando a pegar fuerte en el cuerpo. En el ámbito laboral he estado a tope en el taller reparando todo tipo de equipos informáticos y de hardware, pero esta semana me ha tocado el gran logro y la satisfacción técnica de meterle mano por primera vez a una PlayStation 5, desarmándola por completo y solucionando el fallo, lo cual ha sido todo un hito profesional antes de volver a casa; aunque la verdad es que ya sé que voy a echar muchísimo de menos este ambiente de trabajo, los retos diarios y el día a día aquí cuando regrese a España. En lo personal, la ciudad se siente de repente mucho más vacía y silenciosa porque la gran mayoría de la gente que estaba de Erasmus ya ha terminado sus contratos y se ha vuelto a sus respectivas ciudades, y entre ellos se ha ido mi compañero de trabajo, por lo que mis planes sociales sin ese grupo tan guapo y dinámico que habíamos montado con él y sus compañeros de piso se han quedado un poco en modo pausa y el ritmo de las tardes ha cambiado por completo. Por si fuera poco el bajón de las despedidas, el clima italiano ha decidido darnos la bienvenida a la recta final con un subidón de temperaturas brutales y un bochorno veraniego para el que, os lo prometo, no venía nada preparado con la ropa que metí en mi maleta hace meses. Lo mejor de estos primeros días, sin duda, fue irme a comer con mi compañero de trabajo para tener nuestra propia despedida como dios manda, disfrutando de la gastronomía local y prometiéndonos que esto no es un adiós definitivo, sino un simple hasta luego, y que nos volveremos a ver en el futuro en España para recordar todo esto con una buena cerveza en la mano.
Esta ya es mi ultima semana en Oporto y ayer fue mi ultimo día en la farmacia, estos días he echo lo mismo, los pedidos a domicilio, recepcionar pedidos que nos llegaban de otras farmacias y también me enseñaron esta semana que en la farmacia hay veces que los clientes les piden que le preparen el antibiótico que se van a llevar así que tiene un área desinado a esta.
En verdad me ha dado mucha pena tener que despedirme de ellos ya que han sido muy majos conmigo y aunque no entendía bien el idioma al principio fueron pacientes y fueron depacío para que yo les entendiera así que les voy a echar bastante de menos