Última entrada: Cierre de una etapa

Escribo esta última entrada del blog con las maletas preparadas y haciéndome a la idea de que ya me encuentro en mi último día de Erasmus+ en Tetouan, mi último día compartiendo espacio de trabajo con mis compañeros del Cervantes.

He de reconocer que, cuándo planificaba mi etapa para el Erasmus+, e incluso cuando llegué a Marruecos, no me imaginaba que llegado el día de volverme a casa fuera a sentir pena, pero así es.
Si bien tengo unas ganas locas de coger el avión, llegar a Valdemoro y abrazar a mi pareja y a mi gato, descansar unos días, y empezar a trabajar en mi siguiente etapa vital, he de reconocer que me iré de aquí con una nota agridulce, echando de menos aspectos de mi vida en Tetouan, y, sobre todo, al personal del Instituto Cervantes, que han hecho todo lo posible para hacerme ver que en Tetouan tengo una segunda casa.

Echando la vista atrás, he de reconocer que llegó un momento en que prácticamente me había olvidado de que estoy aquí por un programa becado de prácticas, y mi mente ya se había adaptado a que esto era mi vida. Por supuesto, ha ayudado bastante en este sentido los constantes elogios y el apoyo que han mostrado mis compañeros, insistiendo en la valía que tengo para ellos y lo mucho que me van a echar en falta una vez no esté, tanto a nivel profesional como a nivel personal.

No tengo mucho que decir sobre mi semana, ya que ha sido principalmente dedicada a ir preparando la vuelta a casa y recuperarme del fin de semana pasado, ya que cuando fui a la playa me expuse más de lo debido al sol y acabé igual que un inglés en Cádiz, así que esta entrada es sobre todo una de reflexión y confesiones.

Siguiendo con el hilo anterior, lo que yo creía que iba a ser una etapa principalmente performativa, orientada a vivir experiencias que, de otra forma, no tendría oportunidad de experimentar mientras hacía bonito para mi currículum, ha terminado siendo una experiencia transformadora que me ha reforzado varias cosas importantes sobre mí y sobre el mundo que ya conocía, pero no había internalizado aún:

    Por un lado, esta experiencia ha terminado de reforzar una lección que para mucha gente es tan natural cómo el respirar, pero que, debido a las circunstancias de mi vida, he tardado mucho en aceptar, y es que sé que allá dónde vaya, haré un buen trabajo. Y no se trata de pensar que soy mejor que nadie o de creer que todo lo sé, se trata de que soy una persona responsable, capaz y resolutiva, que haga lo que haga me voy a asegurar de que esté bien hecho, y eso es la base de cualquier buen trabajo.
    Por otro lado, he visto que definitivamente me puedo adaptar a prácticamente cualquier ambiente en tiempo récord. A pesar de que el primer día fue relativamente confuso al haber llegado en tiempos de Ramadán, no tardé ni una semana en haberme hecho a la vida y el ritmo de la ciudad, a interactuar con los dependientes de los diversos negocios, y al ritmo de trabajo en el centro. En definitiva, tengo claro que soy bastante camaleónico, y esto es una gran ventaja que pienso seguir explotando a lo largo del resto de mi vida.
    Por último, si algo me ha terminado de reforzar esta experiencia, son las ideas de que lo que más necesita este mundo es paciencia, amabilidad y ganas de colaboración. Me acuerdo que cuándo la gente sabía que me tocaba vivir esta experiencia en Marruecos, la mayoría de las reacciones estaban teñidas de preocupación, sospecha y miedo. La gente hablaba principalmente sobre el choque cultural y las diferencias que iba a encontrar… Pues bien, al final lo que he encontrado ha sido gente paciente, amable y dispuesta a colaborar con una persona extranjera que no domina el lenguaje local. Gente dispuesta a entenderse cómo fuera necesario, a compartir sus formas de ver el mundo y, sobre todo, a aceptar que no todos la compartan.

    Por supuesto esto no es una experiencia universal. Soy consciente de que he tenido la maravillosa suerte de interactuar con personas acogedoras y respetuosas, dispuestas a romper las barreras necesarias para asegurar una comunicación satisfactoria para todo el mundo; actitudes que, por otro lado, han podido existir gracias a que yo mostraba esas mismas intenciones. No obstante, esto no elimina la realidad de que hay gente más cerrada, y de que las diferencias culturales y, sobre todo, sociales, son una realidad que tampoco hay que ignorar… Pero desde luego me queda más claro que nunca que lo que necesitamos en este mundo es menos competición y hostilidad, siempre buscando lo diferente para reaccionar a ello de forma negativa, y más colaboración y amabilidad, tratando de buscar aquellas cosas que nos permiten colaborar y buscar un mundo más sano.

    Y con esta reflexión cierro la última entrada de mi blog, despidiéndome oficialmente de esta etapa, y apreciando mis últimos momentos en Tetouan, que ha conseguido ser mi segunda casa.

    Conferencia Analytica

    (No, no lo he escrito mal) Como ya he comentado en varias ocasiones he viajado con Anna (mi supervisora). Uno de estos viajes fue a Munich, a una conferencia llamada Analytica, la más grande de Europa; pero decidimos quedarnos un par de días más para visitar esta maravillosa ciudad.

    Munich es una ciudad situada cerca del norte del país, es considerada la ciudad más rica, puedo confirmarlo.

    Fue una conferencia impresionante donde aprendí un montón de cosas y conocí a mucha gente, además de ver lo mal que se me da entender el idioma.

    A parte de visitar durante el día, como vino Adrián pudimos disfrutar también del ambiente nocturno ya que en España estamos acostumbrados a vivir de noche.

    Pudimos ver desde los monumentos y plazas más importantes hasta como se divierte la gente en este país.

    Roma, mayo de 2026

    Los profesores Piedad (FOL) y Pedro (Informática) hemos visitado Roma entre los días 17 y 22 de mayo.

    Nuestro Cicerón, Livio, nos ha acogido maravillosamente y nos preparó una agenda de visitas densa y muy interesante.

    El primer día visitamos el Centro de Formación Profesional de CivitaVecchia y a varias de las empresas que colaboran con la formación de sus alumnos. Esa misma tarde, y a unos pocos kilómetros de allí, visitamos el CFP Castelfusano, en Santa Marinella.

    La tarde la dedicamos a visitar Roma junto con otros dos compañeros, Marta y Alberto, de la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Madrid. Ha sido un placer compartir con ellos esta experiencia, además de deleitarnos con su sapiencia en temas gastronómicos y de servicio de sala que, en un lugar donde la gastronomía es genial, nos han servido de mucho.

    El martes 19, por la mañana, CFP de Cave donde los alumnos que habían participado en un intercambio con alumnos de Amberes nos contaron su experiencia. Terminamos lamañana en el CFP de Marino, donde su chef, especialista en comida vegana,y los alumnos que allí en Cocina y Sala, nos regalaron una opípara comida . Un placer, tanto la comida, como el trato de esos futuros profesionales. Muchas gracias. Estos alumnos también nos contaron su experiencia de prácticas en Niza. Flavio, para ser el primer curso en el que desarrollan proyectos Erasmus ha realizado un trabajazo excepcional.

    El Miércoles 20 visitamos el CFP Acilia donde los alumnos de Seguridad informática nos mostraron en qué trabajan durante el curso. Fue nuestra primera toma de contacto, ya que estos alumnos nos devolvieron la visita la semana siguiente.

    Ese mismo día, visitamos las instalaciones del CFP Castelfusano, donde observamos cómo trabajan la educación entre iguales, cocina de sala y, como era de esperar, nos agasajaron con una excelente comida. Muchas gracias por todo.

    Terminamos la tarde visitando Castelgandolfo, lugar utilizado por los Papas para pasar los duros veranos romanos. Nos llamó la atención el reloj a la italiana del que os dejo una imagen y, si os interesa, busquéis información del porqué de sus seis horas y una única aguja.

    El jueves 21 visitamos el CFP Adriático (que se encuentra en la calle Adriático no realizamos el viaje cruzando de oeste a este la península itálica, lástima) en el que imparten clases de estética y peluquería y tienen un proyecto excelente contra la violencia machista.

    Por la tarde visita a la sede central de la Formación Profesional en Roma. Nos aclararon dudas sobre sus sistema de FP y comenzamos a entablar relaciones para que nuestros alumnos del IES Villaverde puedan realizar, a partir del curso que viene, prácticas en hospitales, farmacias sus prácticas de Laboratorio, Cuidados Auxiliares de Enfermería e Informática.

    Ha sido una experiencia muy enriquecedora y, de nuevo, dar las gracias a nuestros compañeros italianos por tan excelente trato.

    Decimosexta semana y bonus.

    Soy consciente de que la semana pasada volví a jugar con las expectativas, prometiendo una segunda parte de la entrada que nunca llegó.

    En mi defensa diré que, aunque el verano sea más suave que lo que me espera en mi pronta vuelta a España, estos últimos días han sido una neblina de anulamiento físico y mental debido a las altas temperaturas y el bochorno provocado por la alta humedad ambiental.

    Este fin de semana iba a volver a visitar Tánger, pero al final no fue posible, así que en su lugar se ha visto sustituida por una semana tranquila en el trabajo, pesada y pastosa fuera del mismo, y una visita a la playa de la que acabo de volver a la hora de escritura de esta entrada.

    En un principio el plan de playa iba a ser más largo, pero me temo que se vio interrumpido porque mi compañera de piso tuvo la mala suerte de ser azotada por un oleaje descontrolado, aterrizando sobre uno de sus tobillos y torciéndoselo en el proceso.

    Así que sin más dilación, procedo a escribiros un resúmen de mi visita a Tánger, y dejaré una serie de imágenes, que dicen más que mil palabras cada una, y con esto cerraré la penúltima semana antes de regresar a casa:

    Tánger es una ciudad muy diferente de Tetouan, a pesar de la cercanía. Si tuviera que hacer un símil con España, es un poco como la diferencia que puedes encontrar entre Valdemoro, o Ciempozuelos, hacia Madrid, pero esta comparación no le hace del todo justicia.

    Empecemos con una confesión. No me gusta nada Madrid, especialmente el centro. Es un sitio al que he ido muchas veces porque no queda otra, pero el barullo constante, las multitudes, el nivel de polución, y las políticas cada vez más agresivas que pretenden convertir la ciudad en un espacio totalmente hostil a toda persona que no esté allí para gastarse dinero… No son cosas que pueda tolerar bien.

    Pero hay una cosa que cualquiera que viva en las afueras sabe y no puede negar, y es que si quieres encontrar tiendas específicas o hacer planes distintos a pasear o tomar algo, la apuesta más segura es abandonar tu ciudad y aventurarte al centro (O como contraparte, ir al campo, según el tipo de plan).

    En esos aspectos son en los que más fiel encuentro la comparación entre Tánger y Madrid, ya que, en contraste con Tetouan, es una ciudad bastante más modernizada, con gente menos apegada a las tradiciones y mayor cantidad de negocios y cosas que ver.

    Por otro lado, la ciudad está mucho mejor cuidada, con calles anchas y limpias, edificios con fachadas cuidadas y más opciones de restaurantes para dietas veganas, además de una mayor presencia de parques verdes que te invitan a pasar tardes a la sombra de algún árbol, disfrutando del frescor que aportan.

    En definitiva, tras varios meses viendo una cara de Marruecos en Tetouan, la visita a Tánger fue como un soplo de aire fresco, mostrándome otra cara de este país totalmente diferente, que ni siquiera sabía que existía.

    Decimoquinta Semana: Tangier y las Cuevas de Hércules

    Tal y cómo comenté, estas últimas semanas se ven marcadas por todos los planes que no he tenido la ocasión de ir haciendo durante los primeros meses de mi periodo de Erasmus+

    En esta semana, compartí bus y taxis con mi compañera de piso para visitar Tangier, pasear con una persona con la que congeniamos durante la feria del cómic y, al fin, cumplir con mi objetivo de visitar las Cuevas de Hércules antes de abandonar Marruecos.

    Dicho esto, quiero partir de un aviso honesto. Actualmente la entrada a la cueva está detrás de un muro en forma de un pago de 8 euros para visitantes extranjeros, y siendo realistas, a no ser de que las cuevas os gusten tanto como a mí, y también seáis aficionados a la mitología… No vale ese precio, con esos 8 euros podéis comer fuera un día o hacer alguna actividad que compense más el gasto.

    No obstante, en mi caso si que mereció la pena. Por un lado, adoro la naturaleza en general, y las cuevas en concreto siempre han tenido algo que me transmite mucha calma y despiertan mi curiosidad, efecto que las famosas Cuevas de Hércules consiguieron con creces. Se trata de un espacio que puedes contemplar prácticamente entero nada más entrar, y aún así no deja de ser algo impresionante. Su entrada por tierra no tiene nada de especial, más allá de la mano humana habiéndola decorado para darle un toque de escenario de película y representar las doce tareas encomendadas por los dioses griegos al semidios Heracles. Pero su entrada por el mar tiene la particularidad de tener una apertura con la forma de la silueta del continente africano.

    No se cuenta con demasiada información de la cueva, más allá de que las leyendas afirman que allí fue dónde Heracles descansó antes de su undécima prueba, consistente en robar las manzanas del jardín de las hespérides, y que se sabe que es una cueva de formación principalmente debida a la erosión del viento y el agua, además de haber sido explotada en tiempos de los fenicios para extraer piedra con la que construir molinos.

    Además de las Cuevas de Hércules, el taxista aprovechó y nos llevó en una ruta turística a lo largo de la costa, pasando también por el faro del cabo del Espartel, al cual no pasamos, pero disfrutamos de sus vistas y de la presencia de jabalíes en la zona:

    Y por último, disfrutamos de una tarde por Tangier, la cual describiré con fotografías en la segunda entrada de la semana.

    Decimocuarta Semana: Free Tour y playa

    Esta decimocuarta semana se ha visto marcada por un fin de semana animado, marcado por el calor veraniego.

    He de destacar que soy una persona que prefiere mil veces el frío, ya que el calor y el sol intenso siempre han tenido un efecto drenante en mí. En este sentido, me siento muy en sintonía con los ordenadores, ya que literalmente noto como con el sobrecalentamiento del verano me ralentizo, mis pensamientos se hacen más pesados, y me canso mucho antes, teniendo que detenerme y refrescarme antes de poder retomar cualquier tipo de actividad.

    Teniendo esto en mente, debo decir que el verano en Tetouan no es tan desagradable como allí en España. Las temperaturas máximas, aunque ya resultan intolerables para mi aguante personal, son considerablemente más bajas que en Madrid, por no mencionar que hace mucho más viento y, quizá lo más importante de todo, las noches vienen acompañadas de bajadas de temperatura significativa, sirviendo como refugio para recargar pilas.

    No obstante, es cierto que el piso en el que estoy está mal equipado contra el calor, sin ningún tipo de ventilador o aire acondicionado, y con la mala suerte de que mi habitación está orientada de tal manera que durante el día y la tarde recibe el sol de lleno, lo que la convierte en un pequeño horno y me motiva a pasar más tiempo fuera, dónde la temperatura es más soportable.

    A raíz de esto, este fin de semana realicé dos actividades que jamás habría previsto que se interconectarían:

    El viernes me apunté junto a mi compañera de piso a un Free Tour por Tetouan, para ver si descubríamos secretos que no hubiéramos visto previamente.

    Principalmente visitamos la medina, y vimos que, pese a llevar varios meses recorriéndola todos los días de camino al trabajo, aún guarda muchos secretos.

    Visitamos zonas de la medina reservados para la venta de telas tejidas a mano por los Amazigh o Bereberes (Ambos nombres problemáticos y arraigados en un colonialismo que daría para escribir varias entradas en un blog totalmente diferenciado de este, pero invito a cualquier persona que lea esta entrada a investigar al respecto), así como distintas rutas que desconocíamos y que definitivamente visitaré a lo largo de estos días de forma más detenida.

    También descubrí la última pieza del puzzle que permite recorrer la medina sin ningún miedo a perderse.
    Las calles de la medina tratan de una serie de callejones laberínticos y estrechos, con muchas calles sin salida y muy parecidas entre sí, pero cuando sabes en qué fijarte, en realidad resulta muy sencilla de recorrer:

    En Tetouan, la medina tiene 7 puertas que la conectan con diversos distritos de la ciudad, y todas sus calles siguen un código compuesto de unas losetas con símbolos grabados, y un diseño diferenciado de la parte central.

    De esta manera, viendo los símbolos puedes saber qué hay en la cercanía. Un símbolo representa fuentes con agua, otro símbolo representa la presencia de una de las 7 puertas, otro símbolo representa que estás acercándote a un monumento o barrio histórico, mientras que el último símbolo representa que estás entrando a una zona reservada a la artesanía.

    Además de estos símbolos, que están justo en el centro, verás un código muy simple pero efectivo para diferenciar las tres tipo de calles que componen este patrimonio de la humanidad:
    Si el centro de la calle está compuesto por tres losetas paralelas entre sí, sabes que estás recorriendo una calle principal.
    Por otro lado, si el centro de la calle se compone de dos losetas paralelas, es una calle secundaria.
    En última instancia, te puedes encontrar una calle con una sóla fila de losetas centrales, lo cual indica que vas a dar a un callejón sin salida.

    Con esta información en mente, la medina ya no guarda secretos, y lo que antes era un laberinto de callejones imponente y misterioso, ahora es incluso más sencillo de navegar que las calles abiertas y largas de cualquier ciudad moderna.

    Durante nuestro free tour, hicimos buenas migas con el guía local, que nos invitó a un té y con quien hicimos planes de bajar a la playa de Cabo Negro al día siguiente.

    Ese día se nos unió Llyas, un malagueño de ascendencia argelina que visitaba la ciudad durante el fin de semana, y los cuatro juntos pasamos un día lleno de risas y conversaciones sobre nuestras vidas y formas de entender el mundo, además de jugar al parchís, pasatiempo muy establecido en Marruecos, y con reglas similares pero diferentes a las de España, y, por supuesto, remojarnos en el mar.

    También aprovechamos la cercanía a la playa para comer en un restaurante situado justo al lado del puerto en el que traen los peces recién pescados, y darnos una buena panzada a calamar, sardinas y gambas por un precio totalmente anecdótico:

    En definitiva, tal y como prometí, este fin de semana marca el inicio de unas semanas en las que podré subir entradas más refrescantes y llenas de actividades, y más aún ahora que contamos con el contacto de una persona local dispuesta a llevarnos a mil y una aventuras, para marcar el último mes de mi estancia en Tetouan con el frenesí característico del verano.

    Semana 13: El último café en Bérgamo y las maletas llenas de recuerdos

    ¡Y llegó el momento que tanto intentaba posponer! Oficialmente os escribo mi última entrada desde Bérgamo, cerrando la semana 13 y, con ella, una de las etapas más brutales de mi vida. Estos últimos días han sido una mezcla extraña de nostalgia, prisas de última hora y el clásico estrés de «no sé cómo va a caber toda mi vida en esta maleta de mano». El trabajo ha llegado a su fin y despedirme del taller, de las herramientas y de la rutina diaria ha sido más duro de lo que pensaba; mirar la mesa de trabajo vacía después de haber estado reparando desde equipos informáticos hasta esa mítica PlayStation 5 me dio un vuelco en el corazón, pero me voy con el orgullo del trabajo bien hecho y sabiendo que he crecido muchísimo profesionalmente. El resto de la semana lo he pasado recorriendo mis rincones favoritos de la ciudad por última vez, tomándome ese café espresso de despedida mirando a la Città Alta y asumiendo el calorazo italiano que ya se ha quedado instalado del todo. El día antes de coger el vuelo de vuelta a España me dediqué a dar un último paseo en solitario por las calles empedradas, saboreando el silencio de una ciudad que al principio me era completamente ajena y que hoy siento un trocito más mía. No ha habido grandes fiestas ni cenas multitudinarias porque casi todos ya se habían marchado, pero cerrar la puerta del piso por última vez, escuchar el sonido de las ruedas de la maleta contra el suelo de Bérgamo y mirar hacia atrás antes de ir al aeropuerto ha sido el momento más real de todo el viaje.

    Con esta entrada me despido no solo de Bérgamo, sino también de todos vosotros que me habéis estado leyendo semana a semana al otro lado de la pantalla. Empecé este blog como un diario para no olvidar los detalles y se ha convertido en el testigo de cómo tres meses pueden cambiarte por completo. Me llevo las risas, las tardes de Mario Kart con gente increíble, las noches en vela en las terrazas arreglando el mundo, el orgullo de haberme ganado el respeto de mi jefe y la mochila cargada de madurez y anécdotas que contaré durante años. El Erasmus no es solo el destino, es la gente que te cruzas y lo que descubres de ti mismo cuando te sacan de tu zona de confort. Gracias por acompañarme en esta aventura italiana tan jodidamente perfecta. ¡Nos vemos por España, ci vemos presto!

    Vuelta a Madrid: Último día en Jena

    Hoy ha sido un día intenso, despedidas, equipaje, viajes a Berlín, facturar maletas… Estoy muy agradecido por haber podido ser parte de esta experiencia, que me ha enseñado a valorar la independencia, a mejorar mi inglés y a evolucionar tanto personal como academicamente.

    Estoy agradecido a Isabelle por enseñarme estos tres meses y no perder la paciencia en ningún momento, dándome unas libertades en el laboratorio que jamás hubiera imaginado. A Max por ayudarme siempre cuando no podía estar más perdido y a Rasha que no me aburría nunca porque siempre tenía tareas para mi (en el buen sentido). También contento por toda la buena gente que he conocido aquí, me llevo un buen recuerdo.

    Con esto me despido del blog y de Alemania, al final Jena no estaba tan mal como parecía 🙂

    El último ELISA del HKI

    Hoy me despido de los experimentos ya que mañana es un día para preparar papeles y decir hasta siempre a la gente que me ha acompañado estos tres meses y me ha visto aprender desde 0.

    Mi supervisora me ha dado un ELISA y unas muestras que he hecho yo desde el inicio, creo que es un buen experimento para despedirme porque aunque he ayudado siempre, nunca lo he hecho desde el inicio yo solo. Siendo sinceros no le tengo mucha fe porque me inventé un poquillo el protocolo, pero quien sabe lo mismo así descubro algo…

    Creo que lo que mas me va a dar pena de dejar Jena es despedirme de mi oficina, que me han tratado tan bien, han confiado en mi y sobre todo han tenido muchísima paciencia. Creo que esta será la penúltima entrada de mi blog, a si que todavía no me despido

    Lo más difícil, la despedida

    Una vez de vuelta en casa, he de admitir que se está muy bien, pero los últimos días allí fueron horribles, ya que no quería irme.

    Me acostumbre a la ciudad, a la gente a sus costumbres y a la vida, por lo que dejarlo todo atrás otra vez fue duro.

    Tuve una gran despedida por parte de todo el mundo, fue muy emotivo y cada vez tenía más claro que quería quedarme pero no podía.

    Estoy muy agradecida por todo, la experiencia tanto de vida como laboral, de haber podido vivir tantas cosas y sensaciones nuevas pero sobre todo por la gran gente que he conocido.

    Gracias Alemania, gracias Jena y gracias por todo MI💕