
En mayo de 2023 hemos recibido a varios profesores de Dinamarca, Finlancia y Eslovenia con el objetivo de fortalecer nuestras relaciones institucionales con Europa
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En mayo de 2023 hemos recibido a varios profesores de Dinamarca, Finlancia y Eslovenia con el objetivo de fortalecer nuestras relaciones institucionales con Europa
Esta semana ha sido bastante interesante en el trabajo, ya que estuve en el área de VPH (virus del papiloma humano). Allí pude ver cómo funcionan los procesos de detección y, sobre todo, una de las máquinas más impresionantes del laboratorio: la BD COR™ PX. Si no me equivoco, ese es el nombre correcto, y la verdad es que es increíble tanto por su tecnología como por su precio, ya que cuesta alrededor de un millón de euros.
Es una máquina muy avanzada que automatiza gran parte del proceso de detección del VPH, lo que permite obtener resultados de forma más rápida y precisa. Me llamó mucho la atención lo sofisticado que es todo y la cantidad de muestras que puede procesar.

Además, esta semana en el hospital trajeron comida para compartir en la merienda, lo que hizo el ambiente aún más agradable. Fue un momento muy para desconectar un poco, charlar con los compañeros fuera del ritmo habitual de trabajo.

Por otro lado, la semana también ha sido muy agradable fuera del trabajo. Por fin dejó de hacer frío y hemos tenido bastante sol, lo cual se agradece muchísimo. Además, como ya estamos en primavera, toda la zona del hospital está llena de flores. Pasear por allí en los descansos se hace mucho más agradable y da una sensación muy bonita de cambio de estación.


Pasé un fin de semana inolvidable en Ámsterdam durante Semana Santa. Mi madre vino a visitarme y decidimos hacer un pequeño viaje juntas, así que cogimos un tren hasta allí con mucha ilusión. Estuvimos tres días que se nos pasaron volando.
Desde el primer momento, la ciudad nos enamoró. Los canales, con sus barquitos navegando tranquilamente, crean un ambiente precioso. Pasear por sus calles rodeadas de casas estrechas y con fachadas tan bonitas parecía sacado de un cuento. Cada rincón tenía algo que mirar y fotografiar (y a mi me encanta hacer fotos).




Uno de los momentos más especiales del viaje fue visitar la Casa de Anna Frank. Fue una experiencia muy emocionante e impactante, que nos hizo reflexionar mucho. También fuimos al museo de Van Gogh, uno de mis artistas favoritos, y fue increíble poder ver sus obras en persona.


Además, el viaje tuvo una sorpresa muy bonita: una amiga mía estaba en Holanda visitando a su hermana que vive allí, así que aprovechamos para vernos. Pasó un día entero con nosotras y fue genial poder compartir ese tiempo juntas en una ciudad tan especial.

Si tuviera que elegir lo que más me gustó de Ámsterdam, sin duda diría que es la ciudad de noche. Las luces amarillas reflejadas en los canales crean una atmósfera mágica y muy acogedora. Pasear en ese momento del día fue, sin duda, lo más bonito del viaje.


Otra semana que sólo tendrá una entrada. Además una cortita. En este caso no se debe a que no hayan pasado cosas, más bien se debe a que han pasado demasiadas cosas en muy pocos días.
La semana empezó como cualquier otra, pero se torció rápidamente. El miércoles tuve que teletrabajar puesto que me encontraba indispuesto por algún virus que me había pillado con la guardia baja tras el cambio de tiempo, pero lo peor empezaría esa noche.
A eso de las 00:00 me empezaron a entrar náuseas, dolor estomacal y malestar generalizado, y no pude dormir en toda la noche por un episodio bastante violento de gastroenteritis, el cual tuve que pasar totalmente aislado en el piso, a horas demasiado avanzadas como para poder avisar a nadie y sin tener la seguridad y el conocimiento de a qué números poder llamar o qué clínicas acudir para ser atendido de urgencia.
Esa misma mañana, con los espasmos y contracciones estomacales todavía presentes, pude contactar con gente del Instituto Cervantes que me acompañaron al hospital para recibir tratamiento. El resto del día lo pasé recuperándome lentamente, hasta que finalmente pude dormir un mínimo por la noche.
No obstante, al día siguiente, pese a encontrarme mejor del estómago, notaba una ansiedad e inquietud que absorbían toda forma de razón y resultaban ineludibles. Me encontraba vagando por la casa, yendo de un lado para otro sin poder pararme mucho tiempo en una misma actividad sin que me invadiera un malestar generalizado, con dolores en las articulaciones, dolor de cabeza y sensación de ardor en la piel. Cuando el sueño empezó a invadirme, todo intento de conciliar el sueño era totalmente en vano, ya que me invadían palpitaciones, dolores y espasmos musculares que me mantenían despierto.
Pasé toda la noche arrastrando estos síntomas, con los compañeros del Instituto Cervantes tratando de acompañarme a distancia, sin saber tampoco muy bien qué hacer al respecto, y no fue hasta la mañana siguiente, sin haber podido pegar ojo de nuevo, agotado de sueño pero incapaz de vencer a esa ansiedad e inquietud, cuando tuve que volver a ser atendido de urgencias para buscar una solución.
Si bien ya he podido dormir con algo más de normalidad, todavía sigo algo nauseabundo y un leve dolor de cabeza me recuerda estos días difíciles, pero poco a poco parece que voy mejorando, y que lo peor ha pasado. Veremos que nos depara esta semana que viene respecto a mi recuperación.
He de pedir disculpas, llevo mucho tiempo sin escribir un blog; no ha sido a voluntad.
Como dije en la última entrada, tuve un viaje a Múnich con mi supervisora para una conferencia. Estuvimos en algunos seminarios sobre temas diversos como antibióticos para la tuberculosis, análisis de polvo según seguí es geográficas, citometria de flujo… Luego atendimos a una feria dentro del mismo recinto donde cada empresa promocionaba sus productos, algunos de los cuales no había oído hablar nunca, por lo cual aprendí mucho.
Luego fue una semana de trabajar mucho, ayudar a muchos compañeros a completar sus experimentos y sin darme cuenta ya estábamos de vacaciones.
Además, mi compañero Adrián y yo al final conseguimos un piso para vivir juntos y tuvimos que mudarnos, por lo que han sido un par de semanas de caos. Pero bueno, ya ha pasado más de un mes desde que llegamos y cada día me gusta más estar aquí.
La verdad que es un poco irónico el título teniendo en cuenta que nada mas empezaron las vacaciones huimos de la ciudad. El jueves pasado cogí un tren nada mas salir del centro de investigación dirección Berlín y fue la mejor decisión que pude tomar.

Berlín es una ciudad enorme y a mi modo de ver muy bonita, pero lo mas impactante es descubrir que cada esquina tiene un significado cultural. Durante estos 5 días me he recorrido la ciudad de arriba a abajo, recomiendo usar transporte si no quieres acabar reventado. Al ser mi primer viaje completamente solo no he tenido muchas oportunidades de salir a conocer gente nueva, pero eso cambiará para el siguiente viaje, en cuanto a comida y precios puedo decir que el KFC y el Mc Donald´s están al mismo precio que en España.
Me ha encantado este viaje y recomiendo visitar la ciudad si tienes oportunidad. En Jena ya hace sol aunque un poco de frío y la gente empieza a salir a la calle, veremos que tal esta semana por aquí.
Termino la semana con la sensación de estar cerrando etapas, aunque solo lleve poco más de un mes aquí. El fin de semana ha sido una mezcla de organización doméstica y un pequeño paréntesis en el aislamiento que me he autoimpuesto por el estudio.
Gran parte del domingo la dediqué a la logística de la semana que viene: cocinar para tenerlo todo listo. Preparé arroz con pollo para los días de oficina, aunque calculé mal las cantidades y me ha salido menos de lo que me hubiera gustado. Es el tipo de error tonto que, cuando estás solo en el extranjero, te recuerda que todavía estoy ajustándome a gestionar mi propia rutina de forma eficiente.
A esto se le suma el peso del examen que mencioné anteriormente. Sigo sumergido en los apuntes, preparando la materia con la vista puesta en mi regreso a España, que será cuando me examine oficialmente. Estudiar a distancia, sin la presión inmediata de un aula pero con la responsabilidad de no quedarme atrás, requiere una disciplina que a veces agota más que el propio trabajo.
A pesar de que me paso el día entre el trabajo y los libros, es imposible ignorar el entorno. Todavía no he hecho «turismo» como tal, no he ido a visitar monumentos ni museos con guía en mano, pero Bérgamo tiene algo que te entra por los ojos sin buscarlo. Su arquitectura antigua es increíble; basta con levantar la vista mientras camino al trabajo para apreciar la historia que desprenden sus fachadas y sus calles empedradas. Es un privilegio estar en un sitio tan bonito, aunque por ahora solo lo vea de paso.
Ayer domingo hice una excepción en mi rutina y salí a tomar algo con un pequeño grupo de Erasmus. El motivo era agridulce: uno de los chicos se vuelve definitivamente a España. Ha tenido problemas de convivencia en su piso y ha decidido que lo mejor es regresar. Me da lástima, porque era de las pocas personas con las que realmente sentía que podía conectar a un nivel más profundo. Su marcha refuerza un poco esa sensación de que aquí las relaciones son efímeras o, a veces, difíciles de encajar si no compartes el mismo estilo de vida.
Entre los libros, los tuppers para el trabajo y estas despedidas inesperadas, la semana se cierra con la mente ya puesta en las visitas que están por llegar, que serán el respiro que necesito para salir de este bucle.

Como introducía en la primera entrada de la semana, este fin de semana aproveché para moverme por la zona. Aunque mi plan inicial era visitar Asilah, debido al escaso tiempo de planificación tuve que desviar mi atención a una visita más corta y cercana, Martil.
Martil es un pequeño pueblecito en la costa de Tetouan, y pude pasar parte de la tarde paseando con la agradable brisa marina, viendo el paseo marítimo, disfrutando de la comida local con mariscos frescos, y por supuesto, aprovechar la playa.




El resto del fin de semana aproveché para descansar en casa, pasar tiempo con mi pareja por su cumpleaños, y recuperar fuerzas para el resto del mes. Ahora ya sé que para la próxima visita a sitios que estén algo más lejos, debo planificarlo con más tiempo, y pasar al menos dos noches en el destino, si quiero que salga a cuentas. Así que con algo de suerte, a lo largo de las semanas que quedan habrá entradas más variopintas con mis diversos viajes por la región.
Esta quinta semana ha sido relativamente lenta, lo cual he agradecido después del caos que supuso la semana pasada, con las jornadas didácticas del fin de semana teniendo a todo el mundo, yo incluido, moviéndose sin parar, apagando fuegos y sin un momento de tranquilidad para asegurarnos de que todo saliera lo mejor posible.
Dicho esto, ha sido principalmente una semana de intentar recuperar energías, y centrarme en asuntos personales de mi familia y en ayudar a mi pareja.
No obstante, también he tenido momentos en los que he podido aprovechar mi estancia aquí. Por ejemplo, este viernes aproveché que es festivo en el Instituto Cervantes para visitar una pastelería cerca de mi casa y darme un buen desayuno tradicional con unas vistas espectaculares:





Se trata de un local pequeño, colocado justo frente a una de las paredes de la muralla de la medina local, decorado con un árbol central muy bien aprovechado para una mesita, con un ambiente relajado y agradable, adornado con música instrumental.
Los precios, para variar en Marruecos, son increíblemente baratos, con el desayuno que véis en la foto, acompañado de un zumo de naranja y té a la menta costando menos de 5 euros.
El desayuno consiste en varios panes marroquíes, los cuales por cierto, recomiendo encarecidamente. La cultura del pan en Marruecos es una auténtica delicia. Y estos van acompañados de queso fresco, mantequilla, miel, mermelada de fresa, aceitunas y amlou. ¿Qué es el amlou? Os preguntaréis. Se trata de una pasta que podríamos equiparar a la mantequilla de cacahuete para los estado unidenses, o a la nocilla en España. Se elabora moliendo almendras en un molino de piedra, y a la pasta que forman se le añade miel y aceite de argán, hasta dar con una mezcla que tiene una consistencia líquida y grumosa, y un sabor asombrosamente similar a la ya mencionada mantequilla de cacahuete, pero con ese toque dulce de la miel para equilibrar.
Por supuesto, este no es el único sitio que he visitado este fin de semana, pero ya hablaremos más en la segunda entrada de esta semana, que llegará esta tarde.
Llevo cinco semanas aquí y la famosa vida frenética del Erasmus parece haberme pasado de largo. Mi día a día se ha convertido en un ciclo cerrado de trabajo y estudio para los cursos, una inercia que me mantiene absorbido por las responsabilidades más que por el turismo. Es curioso cómo uno puede mudarse a otro país y terminar replicando una estructura tan rígida.
Sin embargo, hay algo en Bérgamo que hace que esta rutina no sea pesada, sino distinta. El simple hecho de estar en una ciudad diferente transforma lo ordinario. He encontrado una calma que no conocía en las pequeñas cosas. Me reconforta el ritual de llegar a casa y prepararme la cena escuchando música, o esos ratos en los que bajo al parque simplemente a leer y a observar cómo la gente de aquí disfruta de su tiempo. Hay una paz muy particular en ver pasar el día sin las prisas habituales.
Aun así, es inevitable que aparezca la nostalgia. En el fondo, echo de menos mi vida en Madrid. Allí todo era un no parar de vivencias, un movimiento constante que ahora contrasta con el sedentarismo que me he impuesto aquí. Madrid era intensidad y ruido; Bérgamo, de momento, está siendo silencio y estudio.
En esta introspección también me he dado cuenta de algo sobre mi forma de relacionarme. Aunque soy una persona social y no tengo problemas para conectar con los demás, aquí me he vuelto mucho más selectivo con la gente que quiero tener alrededor. Noto que no me nace relacionarme con el resto de estudiantes de Erasmus; me veo en un punto vital muy diferente al suyo. Noto esa distancia en los detalles más pequeños: en sus comentarios, en los chistes, en el tipo de planes o en lo que buscan para entretenerse. Simplemente, ya no encajo en esa dinámica.
Por suerte, parece que este próximo mes va a ser más entretenido. Vienen mi familia y mi pareja a verme, y tengo ganas de compartir esta nueva calma con ellos. Al final, prefiero calidad que cantidad, y su visita es justo el cambio de aire que necesito ahora mismo. En esta ocasion no tengo fotos que enseñar, en proximas entradas tendreis cosas interesantes.
La última semana en Eslovenia fue bastante intensa y llena de planes. Por un lado, estuvimos visitando muchas tiendas, aunque esa parte la contará mejor mi amiga en su blog.
Uno de los días más destacados fue cuando fuimos a Trieste, en Italia. Desde el principio, la ciudad nos llamó la atención por su estilo y por estar justo al lado del Mar Adriático.

Durante el día, recorrimos bastante la ciudad. Visitamos un museo interesante que nos ayudó a entender mejor su historia y también entramos en una iglesia que nos sorprendió por dentro. Más tarde, subimos a un castillo desde el que había unas vistas increíbles de toda la ciudad y del mar. Fue uno de esos momentos en los que te paras simplemente a observar y disfrutar.

Después, seguimos paseando por distintas zonas, especialmente por la Città Vecchia, que tiene ese rollo más antiguo con calles estrechas y mucho encanto. También estuvimos en la Piazza Unità d’Italia, que es enorme y está justo frente al mar, así que el ambiente ahí es muy especial.

Otro sitio que nos gustó mucho fue el Canal Grande de Trieste, donde hay pequeñas barcas y edificios alrededor que le dan un toque diferente. Es una zona perfecta para pasear con calma.


Además, dimos un paseo por la zona del mar, que al final descubrimos que era el Adriático y no un lago como pensábamos al principio. Incluso nos acercamos a la orilla y mojamos los pies en el agua, un momento sencillo pero muy agradable que hizo la experiencia aún más especial.
Algo que también nos gustó mucho fue que nos sentimos bastante acogidas. El italiano y el español son idiomas parecidos, así que nos resultaba fácil entender muchas cosas. De hecho, hablamos con varias personas de Italia que se nos acercaron al escucharnos hablar en español, lo que hizo la experiencia aún más cercana y agradable.
Y obviamente, no podía faltar la comida: probamos pizza y helado, y la verdad es que mereció totalmente la pena.
Para terminar, compramos algunos souvenirs y seguimos dando una vuelta por la ciudad antes de volver. En general, fue un día muy completo y una de las mejores partes del viaje.