Semana 13: El último café en Bérgamo y las maletas llenas de recuerdos

¡Y llegó el momento que tanto intentaba posponer! Oficialmente os escribo mi última entrada desde Bérgamo, cerrando la semana 13 y, con ella, una de las etapas más brutales de mi vida. Estos últimos días han sido una mezcla extraña de nostalgia, prisas de última hora y el clásico estrés de «no sé cómo va a caber toda mi vida en esta maleta de mano». El trabajo ha llegado a su fin y despedirme del taller, de las herramientas y de la rutina diaria ha sido más duro de lo que pensaba; mirar la mesa de trabajo vacía después de haber estado reparando desde equipos informáticos hasta esa mítica PlayStation 5 me dio un vuelco en el corazón, pero me voy con el orgullo del trabajo bien hecho y sabiendo que he crecido muchísimo profesionalmente. El resto de la semana lo he pasado recorriendo mis rincones favoritos de la ciudad por última vez, tomándome ese café espresso de despedida mirando a la Città Alta y asumiendo el calorazo italiano que ya se ha quedado instalado del todo. El día antes de coger el vuelo de vuelta a España me dediqué a dar un último paseo en solitario por las calles empedradas, saboreando el silencio de una ciudad que al principio me era completamente ajena y que hoy siento un trocito más mía. No ha habido grandes fiestas ni cenas multitudinarias porque casi todos ya se habían marchado, pero cerrar la puerta del piso por última vez, escuchar el sonido de las ruedas de la maleta contra el suelo de Bérgamo y mirar hacia atrás antes de ir al aeropuerto ha sido el momento más real de todo el viaje.

Con esta entrada me despido no solo de Bérgamo, sino también de todos vosotros que me habéis estado leyendo semana a semana al otro lado de la pantalla. Empecé este blog como un diario para no olvidar los detalles y se ha convertido en el testigo de cómo tres meses pueden cambiarte por completo. Me llevo las risas, las tardes de Mario Kart con gente increíble, las noches en vela en las terrazas arreglando el mundo, el orgullo de haberme ganado el respeto de mi jefe y la mochila cargada de madurez y anécdotas que contaré durante años. El Erasmus no es solo el destino, es la gente que te cruzas y lo que descubres de ti mismo cuando te sacan de tu zona de confort. Gracias por acompañarme en esta aventura italiana tan jodidamente perfecta. ¡Nos vemos por España, ci vemos presto!

Segunda Mitad de la Semana 12 Papeles, nostalgia y una última noche para el recuerdo

La segunda mitad de la semana ha sido bastante más tranquila, introspectiva y casera, dedicada casi en su totalidad a la apasionante y nada aburrida tarea de rellenar formularios, validar firmas y terminar el papeleo infinito de la universidad para dejar todo legalizado de cara a la vuelta a España, que ya es en solo ocho días. Entre contratos de prácticas, certificados y el inicio de organizar mentalmente la maleta para que quepa todo lo acumulado en este tiempo, no ha habido espacio para grandes escapadas en tren ni viajes locos de última hora, pero la verdad es que el cuerpo me pedía parar un poco, descansar y asimilar todas las emociones acumuladas. El momento verdaderamente especial y mágico de estos días —y probablemente uno de los mejores recuerdos de toda mi estancia— fue la última noche de los únicos amigos que me quedaban aquí antes de que tuvieran que coger su vuelo de regreso a casa. Nos subimos a la terraza de su piso con algo de beber y nos dieron las cuatro de la mañana sin apenas darnos cuenta, simplemente arreglando el mundo, hablando de lo que nos depara el futuro y recordando las mil anécdotas, risas y choques culturales que nos llevamos grabados de este Erasmus. Mirar el perfil iluminado de Bérgamo de madrugada en completo silencio con la gente que ha hecho que esta experiencia sea verdaderamente inolvidable fue el broche de oro perfecto, recordándome que, aunque la aventura italiana se termine y toque volver a la realidad de la rutina, las personas y los momentos se vienen conmigo para siempre bien guardados en la maleta. ¡Comienza la cuenta atrás definitiva para el regreso!

Inicio de la Semana 12 – Despedidas y calor extremo

¡Hola a todos! Arrancamos la semana 12 y tengo que admitir que ha empezado con un sabor bastante agridulce, porque ya me queda menos de una semana en Bérgamo y la nostalgia está empezando a pegar fuerte en el cuerpo. En el ámbito laboral he estado a tope en el taller reparando todo tipo de equipos informáticos y de hardware, pero esta semana me ha tocado el gran logro y la satisfacción técnica de meterle mano por primera vez a una PlayStation 5, desarmándola por completo y solucionando el fallo, lo cual ha sido todo un hito profesional antes de volver a casa; aunque la verdad es que ya sé que voy a echar muchísimo de menos este ambiente de trabajo, los retos diarios y el día a día aquí cuando regrese a España. En lo personal, la ciudad se siente de repente mucho más vacía y silenciosa porque la gran mayoría de la gente que estaba de Erasmus ya ha terminado sus contratos y se ha vuelto a sus respectivas ciudades, y entre ellos se ha ido mi compañero de trabajo, por lo que mis planes sociales sin ese grupo tan guapo y dinámico que habíamos montado con él y sus compañeros de piso se han quedado un poco en modo pausa y el ritmo de las tardes ha cambiado por completo. Por si fuera poco el bajón de las despedidas, el clima italiano ha decidido darnos la bienvenida a la recta final con un subidón de temperaturas brutales y un bochorno veraniego para el que, os lo prometo, no venía nada preparado con la ropa que metí en mi maleta hace meses. Lo mejor de estos primeros días, sin duda, fue irme a comer con mi compañero de trabajo para tener nuestra propia despedida como dios manda, disfrutando de la gastronomía local y prometiéndonos que esto no es un adiós definitivo, sino un simple hasta luego, y que nos volveremos a ver en el futuro en España para recordar todo esto con una buena cerveza en la mano.

Segunda Mitad de la Semana 11 – Escapada improvisada y drama gastronómico

Y de la calma… ¡al caos del bueno! Para la segunda mitad de la semana decidí que ya había trabajado bastante y que tocaba quemar el billete de tren. De forma totalmente improvisada, un par de amigos y yo pillamos unos billetes y nos plantamos en el Lago de Como. Madre mía, qué locura de sitio; nos pasamos el día haciendo fotos postureo, devorando porciones de pizza al corte y asumiendo que nunca podré comprarme una villa allí, pero soñar es gratis. La anécdota de la semana llegó el sábado por la noche en Bérgamo: fuimos a cenar a un sitio nuevo y a uno de los del grupo se le ocurrió la brillante idea de pedir una pizza con ingredientes que rozaban el delito federal en Italia. El camarero le miró con una cara de decepción absoluta, de esas que te hacen replantearte tu existencia, y casi tenemos que pedirle perdón en nombre de toda España. Más allá del drama gastronómico, cerramos la semana 11 con los pies reventados de tanto caminar, la galería del móvil sin espacio y la confirmación de que improvisar siempre es el mejor plan. ¡A ver qué nos depara la semana 12!

Inicio de la Semana 11 – Calma después de la tormenta

¡Hola de nuevo! Arrancamos la semana 11 y parece que el universo por fin escuchó mis quejas sobre el clima, porque estos primeros días el sol ha salido en serio y Bérgamo se ha puesto espectacular. Después del subidón del Mario Kart del fin de semana, los primeros días de la semana han sido un poco más calmados, de esos que sirven para procesar que ya llevo más de dos meses aquí (¡una locura!). Aprovechando que las tardes ahora son larguísimas y hace una temperatura increíble, cambié las series en el sofá por subir a la Città Alta a media tarde solo para pasear por las murallas venecianas, tomarme un gelato de stracciatella y ver el atardecer. Es increíble cómo cambia la energía de la ciudad cuando sale el sol; las terrazas estaban llenas y el ambiente Erasmus se sentía en cada esquina. Entre cafés al sol, un poco de oficina y ponerme al día con la colada (que ya tocaba), han sido unos días perfectos de «baterías cargadas» y buen rollo para empezar la semana con ganas.

Semana 10 en Bérgamo: Lluvia, Mario Kart y «networking»

¡Hola a todos! Llegamos oficialmente a la semana 10 —sí, yo tampoco me creo lo rápido que está pasando esto— y, si tuviera que definir estos últimos días, la palabra exacta sería «inesperados». Esta segunda mitad de la semana ha sido una auténtica montaña rusa, empezando por el clima de Bérgamo, que ha decidido volverse completamente loco; un día necesitas paraguas, chubasquero y paciencia porque no para de llover, y al día siguiente sale un sol radiante que te hace dudar de si estás en el norte de Italia o en el Caribe, así que ya opté por salir de casa con las gafas de sol puestas y el paraguas en la mochila por si acaso. Como el trabajo me ha tenido bastante ocupado y no había tiempo para organizar escapadas fuera, decidimos quedarnos a disfrutar de la ciudad y el sábado salimos a ver cómo era la noche bergamasca. Menos mal que lo hicimos, porque la noche nos tenía preparado un giro de guion buenísimo: terminamos conociendo a un grupo de españoles que están viviendo aquí trabajando y la conexión fue tan inmediata que acabamos todos en su piso jugando al Mario Kart como si nos fuera la vida en ello, y es que pocas formas hay mejores de romper el hielo que lanzándole un caparazón azul a alguien que acabas de conocer. Más allá de los piques con la consola, lo mejor de estos días ha sido esa desconexión real y el estar con gente que de verdad me cae bien, tomando algo, charlando y conociéndonos más, que al final es lo que hace que esta experiencia sea tan top. Para rematar las buenas vibras de la semana, tuve una cena con mi jefe y fue una sorpresa increíble, ya que en lugar de ser la típica cita formal y aburrida, me hizo sentir genial ver que no me considera un simple trabajador o un becario más, sino alguien con quien le gusta pasar el tiempo y charlar de tú a tú. En resumen, ha sido una semana sin maletas ni trenes, pero llena de risas, gente excelente, alguna que otra tormenta y muchos plátanos en la pista del Mario Kart. ¡Nos vemos en la próxima!

Semana 10: Seguimos con la rutina de lluvias

Ya hemos entrado oficialmente en la décima semana de mi Erasmus en Bérgamo y, si tuviera que definir estos primeros días con dos palabras, serían «código» y «humedad». En el ámbito laboral, mi rutina sigue muy centrada en el soporte técnico, pasando gran parte de la jornada sumergido en reparaciones de software y diagnósticos de sistemas. Sin embargo, lo que más tiempo y neuronas me está llevando es la evolución de la app de inventario. Esta semana he logrado dar un salto cualitativo al implementar un apartado de instalador dentro de la herramienta. Con este nuevo módulo, he conseguido automatizar la configuración inicial del programa, gestionando de forma interna todas las dependencias y bibliotecas necesarias para que la app sea funcional desde el primer minuto. Ha sido un reto técnico interesante, ya que mi objetivo era simplificar al máximo el despliegue del software para que cualquier compañero pueda utilizarlo sin necesidad de realizar ajustes manuales complejos en el sistema.

Fuera de las horas de oficina, la situación es bastante más monótona. Si la semana pasada el tiempo ya era malo, estos días las lluvias se han vuelto todavía más intensas y persistentes, convirtiendo cualquier intento de paseo por la ciudad en una expedición de riesgo. Bérgamo está sumida en un gris constante que quita las ganas de cualquier plan exterior, por lo que sigo sin hacer prácticamente nada en mi tiempo libre. Mi vida social se resume ahora mismo en trayectos rápidos bajo el paraguas y tardes de refugio en casa, aprovechando el sonido de la lluvia para descansar y avanzar en proyectos personales. Aunque me gustaría decir que he descubierto algún rincón nuevo de la Lombardía, la realidad es que el temporal me tiene «atrapado» en una calma forzada que, al menos, me está permitiendo centrarme al cien por cien en mis tareas de programación. ¡Espero que el cielo nos dé un respiro pronto, porque empiezo a olvidar qué color tiene el sol!

Semana 9: Rutina de lluvia

Cerrando mi novena semana aquí en Italia, me he dado cuenta de que el Erasmus no siempre es un despliegue de fuegos artificiales y viajes constantes; a veces, el ritmo lo marca el cielo. Tras unos días de mucha actividad, esta segunda mitad de la semana empezó con total normalidad, siguiendo mi rutina habitual de trabajo y estudios. Me gusta esa sensación de sentirme ya un poco «de aquí», con mis horarios establecidos, mis cafés de siempre y ese flujo de productividad que te da la tranquilidad de Bérgamo.

Sin embargo, el fin de semana los planes se torcieron. El mal tiempo se instaló en la ciudad de forma implacable y la lluvia no dio tregua, así que no me quedó otra opción que aplicar el famoso concepto italiano del dolce far niente, aunque fuera por obligación. He pasado los dos días encerrado en casa sin hacer absolutamente nada. Entre maratones de series, alguna que otra siesta y el sonido de la lluvia contra los cristales, he aprovechado para recargar pilas al máximo. Aunque da un poco de rabia no haber explorado algún rincón nuevo, también es necesario aceptar estos momentos de calma para procesar todo lo vivido estas semanas. ¡Toca esperar a que el sol vuelva para la semana diez!

Semana 9: Rutina y Juegos de Azar

Esta primera mitad de la novena semana de mi experiencia Erasmus ha sido un auténtico no parar de actividades, comenzando en el ámbito laboral con una sesión técnica sumamente intensa centrada en depurar y corregir diversos errores críticos que habían surgido en la app de inventario; a pesar de que los fallos estructurales detectados en la base de datos y los constantes conflictos de conexión con el servidor parecían un reto técnico complejo, logré estabilizar todo el sistema con sorprendente facilidad, aunque lo que realmente puso a prueba mi paciencia profesional fue la tediosa tarea de reparar varios ordenadores afectados por problemas de drivers, un proceso frustrante que me hace reafirmar cada día más mi profundo y creciente odio hacia el ecosistema de Windows.

Fuera de las responsabilidades de la oficina, la semana también ha dejado espacio para la desconexión social y la logística personal, destacando una noche muy entretenida en el piso de un compañero de trabajo para disfrutar de una partida de poker entre risas, además de dedicar un buen tiempo de calidad en casa a la cocina para organizar meticulosamente todos mis tuppers y comidas semanales; finalmente, con la nostalgia empezando a asomar, he comenzado a gestionar seriamente los preparativos para mi futura vuelta a España, adelantando trámites, revisando maletas y coordinando la logística necesaria para asegurar que el cierre de esta increíble etapa internacional y mi posterior regreso a casa se realicen de la manera más tranquila, fluida y ordenada posible.

Semana 8: Luchando contra la rutina

Os escribo estas líneas con los gemelos todavía echando fuego pero con el corazón a mil por hora, sentado literalmente en lo alto de la meseta de Piani d’Erna. Tengo a mis pies la ciudad de Lecco y, un poco más allá, esa silueta tan inconfundible del Lago de Como recortándose entre las montañas. Si cierro los ojos, aún noto el aire frío de la cima, pero ahora mismo el sol pega con ganas y la recompensa de estar aquí arriba hace que cada kilómetro de subida haya valido la pena. Esta segunda mitad de mi octava semana de Erasmus en Bérgamo ha dado un giro radical respecto a los primeros días, y la verdad es que necesitaba desconectar de la ciudad y de tanto asfalto para perderme un poco por las alturas.

La semana empezó de una forma bastante metódica y tranquila en el trabajo. Me he pasado los días rodeado de destornilladores de precisión y pantallas, centrándome sobre todo en reparaciones técnicas que, aunque entretenidas, te dejan la cabeza frita. He estado liado con de todo un poco: desde los típicos cambios de baterías que parecen sencillos hasta que te encuentras un tornillo pasado de rosca, hasta peleas intensas con el software de varios equipos que se negaban a arrancar. También me ha tocado lidiar con el drama de los bloqueos de cuentas y accesos, algo que parece una tontería pero que te lleva media mañana entre verificaciones y configuraciones. El ambiente en el taller ha sido relajado, con ese ritmo italiano donde siempre hay hueco para un buen café entre placa base y placa base, pero sentía que me faltaba algo de movimiento antes de que terminara la semana, sobre todo porque los próximos días pintan bastante planos y sin mucho ajetreo en la agenda.

Así que, ni corto ni perezoso, decidí que era el momento de mi primera gran aventura en solitario por los Alpes Lombardos. Preparé la mochila con lo básico y puse rumbo a Lecco para subir andando hasta aquí. Al principio, la soledad del sendero impone un poco, sobre todo cuando te das cuenta de lo pequeña que es tu figura frente a esas paredes de roca tan brutales, pero es increíble cómo se agudizan los sentidos cuando vas solo. A mitad de camino tuve la suerte de cruzarme con un grupo de ingleses que iban exactamente hacia el mismo refugio que yo. Fue un puntazo encontrarlos porque, además de practicar un poco el idioma y echar unas risas con sus anécdotas de viaje, me sirvió para subir con un extra de motivación cuando las piernas empezaban a flaquear en los tramos más empinados.

Pasar la noche en un refugio de alta montaña ha sido, sin duda, el «peak» de mi experiencia Erasmus hasta ahora. No hay nada que se compare con el silencio absoluto de la noche a esta altitud y esa sensación de comunidad que se crea entre los que estamos allí arriba compartiendo una cena caliente después de la paliza de caminar. Las vistas que he tenido al despertar hoy son, sencillamente, excepcionales; de esas que te obligan a guardar el móvil un rato porque ninguna foto le hace justicia a la inmensidad del paisaje. Me bajo de la meseta con la convicción total de que esta experiencia la voy a repetir mucho más a menudo. Bérgamo es una joya, pero tener esta naturaleza a un paso de casa es un lujo que no voy a desaprovechar. Ahora me toca bajar con calma, disfrutar de las últimas vistas del lago y prepararme para una semana que, si todo sale según lo previsto, será de descanso total antes de la siguiente aventura.