Día 1: Llegada a Múnich
¡¡Por fin en Múnich!!
Soy Kalin, estudiante de Grado Medio de SMR, y he venido a esta ciudad con un compañero para hacer mis prácticas Erasmus.
No puedo creer que ya estemos aquí. El viaje ha sido bastante tranquilo, y el vuelo se me ha pasado muy rápido.
Cuando salí de Madrid el clima ya estaba nublado y lluvioso, pero al llegar a Múnich… Era como entrar en Mordor. Desde el avión se veía cómo todo se volvía gris por las nubes y la lluvia, aunque a mí, la verdad, me encanta.
Aterrizamos en el aeropuerto y para llegar al centro cogimos el S-Bahn, que es como el metro aquí en Múnich. En nuestro caso, tomamos la línea S8 hasta Karlsplatz. Compré el billete en una de esas máquinas automáticas, aunque fue un poco caro. No hice foto en el momento, pero aquí os dejo una del billete que aún lo guardo como recuerdo.

Lo que más me sorprendió es que no hay torniquetes ni puertas para entrar al tren. Simplemente compras el billete, lo pasas por una máquina que te lo grapa para validarlo y lo llevas contigo por si aparece un inspector a revisarlo. Me llama la atención la confianza que tiene esta gente.

Después llegamos a nuestro apartamento, donde nos entregaron la llave del piso… Sí, una sola llave que abre todas las puertas, la del portal, la del apartamento, las puertas intermedias y hasta la del patio. Me pregunto si también abrirá las puertas de los demás vecinos… Aunque no pienso probarlo.
He investigado y, al parecer, este sistema de llave única es común en Alemania y otros países de Europa. Son seguras y más cómodas.
Después de deshacer la maleta no tuvimos tiempo de mucho, pero tocaba cenar. Nada del otro mundo, pan y jamón que traje de Madrid, pero después del día que llevábamos, me supo a gloria el bocata.
Día 2: Día de turismo
Esta mañana me desperté con ganas de empezar el día, hasta que descubrí dos problemas en el piso. El wifi no tenía acceso a internet y la tele no funcionaba. Pero no he venido aquí a quedarme en casa, así que salimos a hacer algo de turismo por la ciudad.
No tengo ni idea de qué son todos esos edificios que vimos, pero Múnich tiene una arquitectura brutal. Catedrales, edificios antiguos, plazas enormes… Y todo muy bien conservado. A continuación os dejo algunas fotos de los que más me han impresionado.






Lo que me ha llamado la atención es la cantidad de gente que va en bicicleta. Es de lo más normal aquí. Pero lo más curioso es que las dejan aparcadas por la calle sin candados ni cadenas, como si nadie pudiera robarlas. Parece que en Múnich todos confían en todos, porque dejando tu bici así en el centro de Madrid tendría que ser un milagro que no te la roben en un par de horas.


Además, si no tienes bici y no quieres ser el raro que va a pie también te puedes encontrar bicis y patinetes eléctricos por toda la ciudad para alquilar, como los Bicimad de Madrid, pero de varias empresas.




Pero no hemos alquilado ninguna bici por ahora, sino que para movernos por la ciudad hemos usado el tranvía. El sistema de transporte aquí es bastante práctico, pero un poco caro. Y lo peor es que no hay máquinas para comprar los billetes en las paradas y dentro del tranvía no puedes comprar el billete como en un bus. Aquí la gente usa una app llamada MVGO, que de hecho te recomiendan instalarte en las paradas de tranvía.
Día 3: Adaptándome a Múnich
Hoy me he pasado la mañana en casa porque ha venido el dueño del piso a intentar arreglar el wifi y la tele, pero misión fallida, volverá mañana. Por otro lado, le preguntamos cómo regular la calefacción, porque resulta que la calefacción del apartamento está en el suelo y parece que esto también es algo normal por estas zonas. No suelen tener radiadores o estufas, y la verdad es que es algo súper cómodo.
Después hemos salido a dar una vuelta por la ciudad y algo que me ha llamado la atención es que aquí no hay cubos de basura en la calle como en Madrid. Aquí la basura se tira en cubos grandes que hay en cada urbanización, y supongo que luego el camión de la basura pasa a recogerlos. Parece que esto es lo normal en Múnich.


En nuestro caso, los cubos de basura están en un cuarto subterráneo. Hay un piso entero bajo tierra con pasillos donde están los trasteros, que son pequeños cubículos hechos con tablones de madera. Además, los vecinos suelen dejar ahí sus bicicletas, así que el sitio está lleno de ellas.
Otra cosa que me parece súper extraña cada vez que cruzo la calle es que hay muy pocos pasos de cebra dibujados en el suelo, la mayoría se “intuyen”, como si los alemanes tuvieran un sexto sentido para saber dónde cruzar. Aunque algunos tienen semáforo, por suerte. Aunque, de todas formas, la gente aquí es muy amable y los coches casi siempre te ceden el paso.
Al parecer, los siguientes cuentan como pasos de cebra para los alemanes…


