Ya hemos entrado oficialmente en la décima semana de mi Erasmus en Bérgamo y, si tuviera que definir estos primeros días con dos palabras, serían «código» y «humedad». En el ámbito laboral, mi rutina sigue muy centrada en el soporte técnico, pasando gran parte de la jornada sumergido en reparaciones de software y diagnósticos de sistemas. Sin embargo, lo que más tiempo y neuronas me está llevando es la evolución de la app de inventario. Esta semana he logrado dar un salto cualitativo al implementar un apartado de instalador dentro de la herramienta. Con este nuevo módulo, he conseguido automatizar la configuración inicial del programa, gestionando de forma interna todas las dependencias y bibliotecas necesarias para que la app sea funcional desde el primer minuto. Ha sido un reto técnico interesante, ya que mi objetivo era simplificar al máximo el despliegue del software para que cualquier compañero pueda utilizarlo sin necesidad de realizar ajustes manuales complejos en el sistema.
Fuera de las horas de oficina, la situación es bastante más monótona. Si la semana pasada el tiempo ya era malo, estos días las lluvias se han vuelto todavía más intensas y persistentes, convirtiendo cualquier intento de paseo por la ciudad en una expedición de riesgo. Bérgamo está sumida en un gris constante que quita las ganas de cualquier plan exterior, por lo que sigo sin hacer prácticamente nada en mi tiempo libre. Mi vida social se resume ahora mismo en trayectos rápidos bajo el paraguas y tardes de refugio en casa, aprovechando el sonido de la lluvia para descansar y avanzar en proyectos personales. Aunque me gustaría decir que he descubierto algún rincón nuevo de la Lombardía, la realidad es que el temporal me tiene «atrapado» en una calma forzada que, al menos, me está permitiendo centrarme al cien por cien en mis tareas de programación. ¡Espero que el cielo nos dé un respiro pronto, porque empiezo a olvidar qué color tiene el sol!








