¡Hola a todos! Llegamos oficialmente a la semana 10 —sí, yo tampoco me creo lo rápido que está pasando esto— y, si tuviera que definir estos últimos días, la palabra exacta sería «inesperados». Esta segunda mitad de la semana ha sido una auténtica montaña rusa, empezando por el clima de Bérgamo, que ha decidido volverse completamente loco; un día necesitas paraguas, chubasquero y paciencia porque no para de llover, y al día siguiente sale un sol radiante que te hace dudar de si estás en el norte de Italia o en el Caribe, así que ya opté por salir de casa con las gafas de sol puestas y el paraguas en la mochila por si acaso. Como el trabajo me ha tenido bastante ocupado y no había tiempo para organizar escapadas fuera, decidimos quedarnos a disfrutar de la ciudad y el sábado salimos a ver cómo era la noche bergamasca. Menos mal que lo hicimos, porque la noche nos tenía preparado un giro de guion buenísimo: terminamos conociendo a un grupo de españoles que están viviendo aquí trabajando y la conexión fue tan inmediata que acabamos todos en su piso jugando al Mario Kart como si nos fuera la vida en ello, y es que pocas formas hay mejores de romper el hielo que lanzándole un caparazón azul a alguien que acabas de conocer. Más allá de los piques con la consola, lo mejor de estos días ha sido esa desconexión real y el estar con gente que de verdad me cae bien, tomando algo, charlando y conociéndonos más, que al final es lo que hace que esta experiencia sea tan top. Para rematar las buenas vibras de la semana, tuve una cena con mi jefe y fue una sorpresa increíble, ya que en lugar de ser la típica cita formal y aburrida, me hizo sentir genial ver que no me considera un simple trabajador o un becario más, sino alguien con quien le gusta pasar el tiempo y charlar de tú a tú. En resumen, ha sido una semana sin maletas ni trenes, pero llena de risas, gente excelente, alguna que otra tormenta y muchos plátanos en la pista del Mario Kart. ¡Nos vemos en la próxima!