Undécima semana: Parte 2

Durante la segunda entrada de esta semana, vamos a centrarnos en el fin de la misma.

Una compañera del Instituto Cervantes nos dio tanto a la otra becaria como a mi dos entradas para un concierto tributo de los Gipsy Kings, en el Teatro Español a las 20:30 del sábado. A su vez, nosotros ya teníamos planeado hacer una visita a Chefchaouen ese mismo día, aprovechando que ya hace mejor tiempo y lo barato que es el bus (Menos de 4 euros ida y vuelta).

Así pues, ha sido un fin de semana movidito y cansado, pero también lleno de experiencias.

La visita a Chefchaouen empezó con un viaje en bus durante el cual aproveché para sacar fotografías y hacer algún que otro vídeo del paisaje, que me recordaba en bastantes aspectos al tipo de paisajes que veo cuando visito la casa del pueblo en Extremadura.

Una vez en Chefchaouen, caminamos desde la estación de buses hacia el centro de la ciudad, subiendo por una cuesta tan inclinada y extensa, que hicimos una broma sobre que íbamos a necesitar material de escalada.

Pero llegar a la medina hizo que mereciera la pena. La medina de Chefchaouen es incluso más caótica que la de Tetouan, llena de pasadizos y recovecos plagados de tiendas, murales y vistas increíbles.

Desafortunadamente, también es un destino muy turístico, y esto significa que las calles estaban abarrotadas, y llenas de turistas que no sólo hacían el circular más difícil, si no que, como en cualquier otro sitio, acostumbran a ser ruidosos y poco respetuosos con su entorno, parece que la gente se piensa que cuando están fuera de su ciudad pueden dejarse el respeto y la educación guardados en sus armarios, para que no cojan polvo.

Visitamos varios negocios, en los que nos invitaron a hacernos fotografías, nos camelaban para intentar vendernos cosas, y, en ocasiones, lo consiguieron. Salí de allí con aceite de argán perfumado, para masajes, una muñequera de cobre y un pack de especias que ya he tenido el placer de probar en un rico guiso de lentejas:

Entre otros muchos negocios, pasamos delante del puesto de un pintor, cuyos cuadros eran verdaderas obras de arte. Uno en concreto me cautivó, y me provocó mal sabor de boca por no tener más dinero para haberme podido llevar alguna versión a casa. Pero eso no me impidió hablar con él, y hacerle saber lo mucho que me había movido. Este me enseñó la primera versión del cuadro en respuesta, y le dije que, aunque no podía permitirme comprarlo, quería poder mostrarlo a más gente, y me dio permiso para hacerle una fotografía:

También paramos a desayunar en la plaza El Haouta, y observamos a los gatos locales en sitios de lo más adorables:

Al final os dejaré con más imágenes del viaje. Por desgracia no estoy pudiendo subir galerías ya que está habiendo errores a la hora de escribir imágenes en el disco, lo más probable es que hayamos rebasado el espacio disponible, y eso es algo que no tengo permisos para editar.

No obstante, he de decir que la visita a Chaouen no fue todo risas y placer. Como tantas otras cosas en mi estancia en Marruecos, junto a esa arquitectura espectacular, la naturaleza vibrante y la gente acogedora, te persigue siempre la sombra de una realidad muy marcada por la pobreza, el abandono por parte del gobierno y el daño que hace el turismo a la naturaleza local.
La ciudad es muy bonita, pero a cada dos pasos que das ves edificios gritando por recibir mantenimiento, calles en mal estado y gente local desprovista de infraestructura para llevar una vida diaria en condiciones. En su lugar tienes hoteles y bares, los cuales los propios locales te dicen que la mayoría pertenecen a Españoles que compraron casas para convertirlas en negocios.
Por otro lado, los animales están desprovistos de atención veterinaria y refugios adecuados, por mucho que la gente de alrededor los trate con amabilidad, y es difícil poner los ojos en vegetación o cuerpos de agua que no estén plagados de plásticos y otros tipos de deshechos no biodegradables.

Y quería hablar también del concierto de los Gipsy Kings, pero está siendo una entrada muy larga, así que aprovecho y lo dejo en el tintero para la semana que viene, dejandoos en su lugar con una última reflexión sobre la experiencia en Chaouen, y las prometidas imágenes.

En definitiva, el viaje a Chefchaouen fue una mezcla entre lo frenético y estimulante de un destino lleno de cosas que ver y gente de la que aprender, con la dura realidad de una sociedad enfocada en el consumismo, la explotación de recursos y el maltrato a personas, animales y paisajes para el beneficio de unos pocos privilegiados. Fue un día más dando fuerza a la idea de que cada vez es más necesario que levantemos las cabezas, darnos cuenta de que estamos viviendo la vida a un ritmo que provoca el sufrimiento de millones de vidas en pos del beneficio de unos pocos, y empezar a valorar más este mundo que nos sustenta, dar menos fuerza a la maquinaria capitalista y centrarnos más en cuidar, conservar y apoyar a aquellas personas, animales y paisajes cuya tortura diaria está invisibilizada o normalizada.

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