Especial mención a Anna

Mi supervisora, llamada Anna (sí, estaba rodeada de Annas), se ganó mi corazón; era una mujer de 26 años que me consideraba más su hermana que su alumna. Me enseñó además de a ser la mejor haciendo inventario y pases de cultivos celulares, a ser mejor persona.

Pasamos mucho tiempo juntas, además de 8 horas al día, hicimos viajes juntas, salimos a cenar, etc. Pero sobre todo aprendimos la una de la otra, siempre estaba ahí preocupándose por mí más que nadie.

Siempre que tenía un problema acudía a ella, da igual que fuese sobre el piso, los amigos o el tfg (proyecto intermodular, lo siento); daba los mejores consejos y siempre sabía como hacerme reír.

Igual que ella me ayudaba a mí, ella tenía la confianza de contarme sus problemas y contar conmigo para lo que fuese.

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