Aun que la convivencia fue divertida, anhelaba la privacidad ya que en casa de Anna dormía en el salón.
Mi supervisora nos consiguió a mi compañero Adrián y a mi un piso precioso en el centro, muy acogedor y tranquilo con unas vistas preciosas. Estuve viviendo sola bastante tiempo, lo que me ha venido genial para aprender a organizarme y entenderme como persona.
He disfrutado mucho de la casa, pudiendo desde cantar en la ducha hasta traer a mis nuevas amigas a casa para pasárnoslo genial. Vivir solo no es tan fácil como parece, a veces no te apetece cocinar, o incluso limpiar, pero ver que realmente si eres capaz de hacer todo por tu cuenta es un sentimiento muy gratificante.