Décima Semana: Una nueva rutina.

Escribo tarde la entrada de esta semana, y no mentiré, es única y exclusivamente porque casi se me olvida tomar registro.

Con la llegada de la nueva compañera de piso, mi vida fuera del trabajo se ha vuelto más animada y caótica, pero en un buen sentido.

Antes, al vivir totalmente sólo, una vez salía del trabajo el tiempo que quedaba era totalmente para mí, y generalmente lo invertía en pasar tiempo de calidad con mi pareja, trabajando en mis proyectos personales y, cuando el tiempo y el clima lo permitían haciendo algún plan por la ciudad.

Estos días, el tiempo también lo he estado administrando en hacer planes varios con la compañera, gestionar visitas a sitios de la ciudad, aprovechando detalles como que en Tetuán, si compartes taxi, puedes viajar a la playa por la anecdótica cantidad de 6 Dirhams, es decir, 60 céntimos, y de paso el impulso extra que te da a la hora de revisitar sitios el decir «Voy a enseñárselo a otra persona».

Además hemos ido incluyendo de forma bastante orgánica detalles agradables en nuestra rutina. Por ejemplo, un día volviendo del trabajo, al pasar por la panadería que hay cerca de casa, me dio por cotillear sus pasteles. Vi una tartita rectangular de caramelo que tenía muy buena pinta, y, sabiendo lo barata que es la comida en esta ciudad, decidí coger una para mí y, de paso, una para la compañera, porque un placer compartido siempre es el doble de placentero.

Ante este gesto, ella se ofreció a pagarlo, pero yo le dije que no hacía ninguna falta, que se trataba de un detalle sin mayor intención, y se le ocurrió una contraoferta que sí que no pude rechazar: Al día siguiente, ella compraría algo para ambos en la panadería, y vamos a ir intercalando de esa manera, a ver cuál de los dos trae de vuelta más pastelitos que nos gusten a ambos.

Además de estas nuevas rutinas, hemos visitado Martil de nuevo, esta vez pudiendo pasarnos por el centro socio cultural Lerchundi, que me recuerda inevitablemente a La Tabacalera de Madrid. Se trata de una antigua iglesia, abandonada y reutilizada como centro con biblioteca, espacios para clases y conferencias dónde se da un lugar a la juventud de Tetouan y Martil para reunirse y tratar temas importantes hoy en día como feminismo, organización en contra de la opresión, orientación para navegar un entorno socio económico cada vez más hostil hacia la clase obrera, etc…

Además, tenemos pendiente volver algún domingo a ver que ambiente hay en las Jam Sessions que ofrece el centro.

Y bueno, desde luego con este nuevo añadido en el piso, todo apunta a que estos dos últimos meses de Erasmus van a ser mucho más movidos que los anteriores, así que espero que estéis preparados para entradas más cargadas de movimiento y anécdotas divertidas.

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