El fin de semana fue un buen contraste con la rutina del laboratorio. Quedé con una amiga del trabajo para comer y decidimos pedir comida italiana. Estabamos en el centro y la pedimos para llevar. Nos sentamos frente a una catedral, lo que hizo que el momento fuera aún más especial: buena comida, buena compañía y buenas vistas.

Después de comer decidimos dar un paseo. Entre la caminata llegamos a un parque que estaba lleno de flores. No había estado allí antes, y como es primavera todo tenía mucho color y se sentía muy tranquilo, perfecto para relajarse y charlar. Fue un plan sencillo, pero perfecto para salir de la rutina.



A pesar de que pude disfrutar una parte del fin de semana, el resto de días me tocó quedarme en casa para estudiar. Pero al menos tuve tiempo para disfrutarlo.