Esta primera mitad de la novena semana de mi experiencia Erasmus ha sido un auténtico no parar de actividades, comenzando en el ámbito laboral con una sesión técnica sumamente intensa centrada en depurar y corregir diversos errores críticos que habían surgido en la app de inventario; a pesar de que los fallos estructurales detectados en la base de datos y los constantes conflictos de conexión con el servidor parecían un reto técnico complejo, logré estabilizar todo el sistema con sorprendente facilidad, aunque lo que realmente puso a prueba mi paciencia profesional fue la tediosa tarea de reparar varios ordenadores afectados por problemas de drivers, un proceso frustrante que me hace reafirmar cada día más mi profundo y creciente odio hacia el ecosistema de Windows.
Fuera de las responsabilidades de la oficina, la semana también ha dejado espacio para la desconexión social y la logística personal, destacando una noche muy entretenida en el piso de un compañero de trabajo para disfrutar de una partida de poker entre risas, además de dedicar un buen tiempo de calidad en casa a la cocina para organizar meticulosamente todos mis tuppers y comidas semanales; finalmente, con la nostalgia empezando a asomar, he comenzado a gestionar seriamente los preparativos para mi futura vuelta a España, adelantando trámites, revisando maletas y coordinando la logística necesaria para asegurar que el cierre de esta increíble etapa internacional y mi posterior regreso a casa se realicen de la manera más tranquila, fluida y ordenada posible.
