Semana 8: Bajando revoluciones y puliendo el trabajo

Después del ajetreo de la semana pasada con la visita de mis padres y el viaje a Venecia, esta octava semana ha sido un poco más «de transición». A veces el Erasmus también es esto: bajar el ritmo, disfrutar de la rutina en Italia y centrarse en hacer las cosas bien.

En el trabajo me he pasado la mayor parte del tiempo pegado a la pantalla, pero con una satisfacción distinta. Como ya lancé la app de inventario, esta semana me ha tocado la parte menos glamurosa pero más necesaria: los parches. Me he dedicado a pulir esos pequeños errores que solo salen cuando alguien empieza a usar lo que has programado. Es un proceso curioso, porque te obliga a mirar tu propio trabajo con otros ojos para que todo vaya como la seda.

Además, mi jefe ya me está dando confianza para meterme en otros proyectos de mejora dentro de la empresa. No son cosas tan grandes como la app (de momento), pero son pequeños cambios en los procesos de trabajo que me hacen sentir que de verdad estoy aportando algo útil aquí. Me gusta esa sensación de que ya no soy «el nuevo que no sabe dónde están las cosas», sino alguien que propone ideas y las saca adelante.

El resto de la semana ha sido disfrutar de las pequeñas cosas: un café bien tirado, paseos por Bérgamo sin la presión de «tener que ver algo nuevo» y simplemente vivir el día a día. A veces, las semanas que parecen «más vacías» son las que mejor te vienen para asimilar todo lo que estás viviendo. Como no hice muchas fotos porque en el trabajo prefiero estar centrado, aquí os dejo una vista de Bérgamo en el atardecer.

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