Esta octava semana se ha visto marcada por mi vuelta a trabajar de forma presencial en el centro. Los compañeros me echaban bastante de menos, y han estado muy atentos todos los días preguntando por mi salud, y mi semana de teletrabajo, diciendo que se ha notado mucho mi ausencia.
Además de esto, he coincidido con una semana en la que hay mucho movimiento en el centro, ya que tienen que mover las contrataciones y certificados de unos nuevos cursos, y además se despiden del suite de herramientas administrativas que llevaban usando años, para moverse definitivamente a una que unifica varios aspectos que antes estaban repartidos entre apps diversas.
Debido a esto, en el trabajo fue una semana sin parar, visité en un par de ocasiones el Jacinto Benavente, una escuela de enseñanza de español para niños que tiene una sección del Instituto Cervantes, para revisar un monitor táctil que tenía un defecto. Lamentablemente se trataba de una línea de píxeles muertos producida por algún golpe o demasiada presión, siendo una avería que queda fuera de mis posibilidades. No obstante, esto me permitió ponerme en contacto con las personas que contrataron estos monitores para informar de la incidencia.
Al margen de estas visitas, estuve apagando fuegos varios por el centro. Pantallas que no reproducían sonidos, archivos que no conseguían descargar, y aliviando la carga de trabajo de Anuwar, mi compañero de despacho, editando contratos y escribiendo mails masivos.
Fuera del trabajo, he de reconocer que he seguido manteniendo el descanso casero, sin salir a explorar ya que después de todo el trajín vivido las semanas anteriores, necesitaba poder relajarme y, más importante de todo, poner la casa en orden.