Este fin de semana ha sido especialmente bonito porque una amiga vino a visitarme. Tenía muchas ganas de enseñarle la ciudad y de pasar tiempo juntas, así que aprovechamos cada momento al máximo.
El primer día, después de que llegara, salimos a dar un paseo por el centro. Caminamos y llegamos a una noria que tenía vistas a toda la ciudad. Nos subimos y fue una experiencia increíble.



Fue una tarde tranquila, ya que ella veía de viajar en avión. Por la noche, decidimos cenar fuera, lo que hizo que el día terminara de la mejor manera posible.
Al día siguiente nos levantamos con ganas de aventura y tomamos un tren hacia Brujas. El trayecto duró aproximadamente una hora, y mereció totalmente la pena. Pasamos todo el día allí, recorriendo sus calles de cuento. Uno de los momentos más bonitos fue el paseo en barco por el canal, desde donde pudimos admirar la ciudad desde otra perspectiva. También visitamos varias catedrales, quedándonos impresionadas con su arquitectura y su historia.



Además, en Brujas descubrimos un sitio de cervezas muy original que nos encantó. El local tenía el techo decorado con cajas de cerveza y luces LED, creando un ambiente muy llamativo. Ofrecían una gran variedad de cervezas diferentes, así que decidimos pedir una degustación. Probamos cerveza de cereza, de coco, de malta y una rubia típica belga, lo que hizo la experiencia aún más divertida.


En su último día aquí, decidimos seguir explorando Bruselas. Dimos otro paseo por la ciudad y visitamos algunos de sus lugares más emblemáticos, como la catedral y la Grand Place. Para terminar el viaje con un toque dulce, comimos waffles, algo que no podía faltar.

