Antes de entrar en detalles, quería pediros disculpas en primera persona por la tardanza de esta nueva entrada en el blog. Sé que he estado unos días en silencio, pero tengo la mejor de las excusas: esta semana ha venido mi pareja a visitarme a Bérgamo. Como ya sospechaba antes de que aterrizara, su presencia ha traído una dosis enorme de tranquilidad y equilibrio a mi rutina aquí; a veces no te das cuenta de cuánto necesitas ese apoyo cercano hasta que lo tienes delante. Aprovechando estos días de desconexión y buena compañía, hemos decidido dejar un poco de lado el ordenador para hacer turismo de verdad por los alrededores, centrándonos en dos destinos icónicos: Milán y el Lago di Como.
A pesar de estas escapadas tan necesarias, en el trabajo sigo con mi rutina habitual, cumpliendo con mis tareas y manteniendo el ritmo de estas semanas anteriores, aunque ahora con la motivación extra de tener a alguien esperando al terminar la jornada. Durante estos días hemos comido muchísimo fuera, entregándonos por completo a la gastronomía italiana y disfrutando de esas sobremesas largas que tanto se agradecen cuando estás de viaje. En nuestra visita a Milán, no pude evitar sentir una conexión inmediata con lo conocido: me recordó muchísimo a Madrid por su ritmo frenético, el movimiento constante de la gente y ese ajetreo urbano que te envuelve nada más salir de la estación.
Sin embargo, el verdadero flechazo ocurrió cuando llegamos al Lago di Como. Sinceramente, me enamoré de la paz que se respira allí y de sus vistas espectaculares; hay algo en la combinación de las montañas con el agua que te deja sin palabras. Es cierto que, al no tener coche propio, solo hemos podido explorar una pequeña parte de todo lo que ofrece el lago, pero ese pequeño fragmento ha sido más que suficiente para cautivarme por completo. Aunque Milán tiene su encanto cosmopolita y vibrante, si tengo que elegir, me quedo mil veces con la serenidad que encontré frente a sus orillas. Ha sido una semana de contrastes, compaginando la constancia del trabajo con la alegría de ser turista, volviendo a Bérgamo con la sensación de que estos días de desconexión eran justo el descanso que necesitaba para recargar pilas.
