Otra semana que sólo tendrá una entrada. Además una cortita. En este caso no se debe a que no hayan pasado cosas, más bien se debe a que han pasado demasiadas cosas en muy pocos días.
La semana empezó como cualquier otra, pero se torció rápidamente. El miércoles tuve que teletrabajar puesto que me encontraba indispuesto por algún virus que me había pillado con la guardia baja tras el cambio de tiempo, pero lo peor empezaría esa noche.
A eso de las 00:00 me empezaron a entrar náuseas, dolor estomacal y malestar generalizado, y no pude dormir en toda la noche por un episodio bastante violento de gastroenteritis, el cual tuve que pasar totalmente aislado en el piso, a horas demasiado avanzadas como para poder avisar a nadie y sin tener la seguridad y el conocimiento de a qué números poder llamar o qué clínicas acudir para ser atendido de urgencia.
Esa misma mañana, con los espasmos y contracciones estomacales todavía presentes, pude contactar con gente del Instituto Cervantes que me acompañaron al hospital para recibir tratamiento. El resto del día lo pasé recuperándome lentamente, hasta que finalmente pude dormir un mínimo por la noche.
No obstante, al día siguiente, pese a encontrarme mejor del estómago, notaba una ansiedad e inquietud que absorbían toda forma de razón y resultaban ineludibles. Me encontraba vagando por la casa, yendo de un lado para otro sin poder pararme mucho tiempo en una misma actividad sin que me invadiera un malestar generalizado, con dolores en las articulaciones, dolor de cabeza y sensación de ardor en la piel. Cuando el sueño empezó a invadirme, todo intento de conciliar el sueño era totalmente en vano, ya que me invadían palpitaciones, dolores y espasmos musculares que me mantenían despierto.
Pasé toda la noche arrastrando estos síntomas, con los compañeros del Instituto Cervantes tratando de acompañarme a distancia, sin saber tampoco muy bien qué hacer al respecto, y no fue hasta la mañana siguiente, sin haber podido pegar ojo de nuevo, agotado de sueño pero incapaz de vencer a esa ansiedad e inquietud, cuando tuve que volver a ser atendido de urgencias para buscar una solución.
Si bien ya he podido dormir con algo más de normalidad, todavía sigo algo nauseabundo y un leve dolor de cabeza me recuerda estos días difíciles, pero poco a poco parece que voy mejorando, y que lo peor ha pasado. Veremos que nos depara esta semana que viene respecto a mi recuperación.