Tercera semana: 2ª Parte

Pues tal y cómo prometí, ha llegado el momento de hacer la segunda entrada de este blog.
También, tal y cómo prometí, va a ser una entrada más centrada en invitar a la reflexión.

Es una realidad, evidente para algunas personas, demasiado incómoda para aceptarla para otras muchas, pero una realidad al fin y al cabo, que nuestra sociedad actual está construida bajo un sistema disfuncional e inhumano, que incentiva el sufrimiento y sacrificio de la gran mayoría de la población, para garantizar que una ínfima proporción de gente pueda seguir disfrutando de privilegios, control e impunidad total ante la ley.

Esta realidad lleva con nosotros muchísimo tiempo. Desde la separación artificial entre lo que tan calmademente se denomina «Primer mundo y Tercer mundo», creada por unas naciones que, mediante la fuerza, invadieron, explotan y mantienen en una pobreza forzada a otras, con tal de obtener recursos y riquezas que terminan acaparando unos pocos.

Estos desequilibrios y abusos de poder se han reproducido en todas las etapas y escalas. Países fabrican una situación de inestabilidad en otros países para beneficiarse, gobiernos y empresas fabrican situaciones de inestabilidad entre gran parte de la población de sus territorios para beneficiarse, y esto terminamos viéndolo también incluso en escalas más pequeñas, en las relaciones de abuso y de dinámicas de poder, tanto en ámbitos profesionales, como educativos, como personales. Todas estas situaciones llevan dándose tanto tiempo que la mayoría de la gente prefiere aceptarlas, argumentando de manera falaz que así son las cosas y buscando motivos retorcidos para justificar los distintos tipos de abusos que se dan, mientras que otras personas no dan su acuerdo explícito, pero se limitan a encogerse de hombros, agachar las cabezas y repetir, casi como un rezo o un dogma, la frase «No se puede hacer nada».

Las personas víctimas de abusos y maltratos normalmente son convencidas por sus agresores de que es lo que merecen, o de que es algo normal e incluso beneficioso.
Dichos agresores también tienden a manipular el entorno de la víctima, haciéndoles creer que no pasa absolutamente nada, que la víctima está mal por otros motivos y el agresor de hecho está ayudando como puede, o incluso haciendo que la víctima quede expuesta como el verdadero problema.

De igual forma, llevamos generaciones enteras absorbiendo y manteniendo ideas de que tenemos que aceptar estas situaciones y prácticas, de que la única respuesta es seguir participando en un sistema que está diseñado para aprovecharse del dolor y el sacrificio de muchos, el creer que los problemas o los enemigos provienen de otras personas que son víctimas del yugo de un modelo económico en el que las vidas humanas valen menos que las herramientas de trabajo, de que es normal, aceptable e incluso justo que haya regiones del mundo en las que la vida sea imposible, porque gente con armas y recursos de otras regiones han decidido que quieren sacar provecho de ese sufrimiento. Las ideas de que no todos valemos lo mismo, de que hay que perseguir a individuos e incluso colectivos sencillamente porque no se ajustan a unas normas y estilos de conducta totalmente artificiales. De que tenemos que enfadarnos más con otra persona que está haciendo lo que puede por vivir un día más, mientras damos las gracias y prácticamente suplicamos a los billonarios que sigan explotando el planeta y sus habitantes para tener un poquito más de poder. De que cuando una persona a nuestro alrededor decide dejar de agachar la cabeza, y señalar lo mal que están todas estas cosas, hay que agredirla y recordarle cuál es su sitio, porque está perturbando e incomodando al impedir mirar a otro lado.
Todas estas ideas también son fabricadas y estrategizadas, por la misma gente que está en control de la dinámica de abuso de poder que es nuestra sociedad, y han hecho un trabajo excelente en convencer al pueblo de que es así, de que hay que callarse y aceptar injusticia tras injusticia, y de que aquellas personas que no se ponen de rodillas son alborotadoras y peligrosas.

Con todo esto, la reflexión a la que quiero llegar es que lo más duro de todo esto, es que ni una sale parte es en absoluto necesaria. Es un hecho más que sabido que, con los medios de producción y logística actuales, no tendría por qué haber escasez y falta de recursos. Es más que sabido que la pobreza, las hambrunas, las situaciones de falta de vivienda, los abusos y guerras que asolan nuestro día a día son perfectamente evitables, si tan sólo hubiera un reparto de recursos y de riquezas ético y humano. Si el objetivo de la sociedad fuera la mejoría de esta, y no el beneficio de una minoría a costa del sacrificio del pueblo llano.
Y es algo que tenemos el poder de parar, es algo en lo que el pueblo participa engañado, convencido de que no queda otra, sin darse cuenta de que al final del día es la clase trabajadora la que extrae esos recursos. Es la clase trabajadora la que los reparte. Es la clase trabajadora la que libra esas guerras, y mata y saquea a otros trabajadores, en nombre de una clase privilegiada que jamás se mancha las manos, que no aporta nada al mundo, que sólo drena y parasita al resto de la sociedad. Y es por esto mismo que, igual que una persona víctima de maltratos y abusos tan sólo tiene que decir «Se acabó. No voy a participar más en esta relación», la clase trabajadora tan sólo tendría que decir «Ya no más. No vamos a seguir participando en un sistema diseñado para destruirnos.»

Pero, igual que la persona víctima de maltratos, la clase trabajadora está paralizada por el miedo, confundida por las mentiras y agotada por los abusos… Porque es cómo actúan los maltratadores, saben que una persona asustada, confusa y agotada es una persona incapaz de tomar buenas decisiones, y escapar de una situación a la que ni siquiera habría tenido que llegar en primer lugar.

Pero lejos de pensar que «no podemos hacer nada» o que «es lo que hay», quiero que esta reflexión sirva para darse cuenta de que, igual que concienciamos, explicamos y ayudamos a personas víctimas de maltrato a decir basta, a recuperar su autonomía y tomar las riendas de sus vidas, es importante darnos cuenta de que no somos víctimas totalmente indefensas ante un mundo cada vez más sumido en el caos. Es algo que se puede parar, si tan sólo las personas de clase trabajadora a lo largo del globo empiezan a reclamar su autonomía y dejar de participar en los abusos de la gente que está en el poder.

Estos pensamientos vienen evidentemente condicionados por las situaciones actuales, en un panorama mundial en el que las atrocidades y barbaridades cometidas por esta minoría parecen ir en aumento a una velocidad vertiginosa, ya que han tomado la táctica de tapar atrocidades con más atrocidades, para generar esa confusión y agotamiento en sus víctimas, que nos vemos incapaces de lidiar con tanto tan de golpe.

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