Semana 3 de Erasmus: avances, confianza y pequeños descubrimientos
Esta tercera semana de Erasmus ha estado bastante centrada en el trabajo, pero también ha tenido sus momentos especiales fuera de la rutina.
Por un lado, he conseguido terminar el front-end de la página web en la que estaba trabajando para mi jefe. La verdad es que ha sido un proceso intenso, pero muy satisfactorio ver el resultado final ya completo. Con esta parte cerrada, ahora he empezado a centrarme en otro tipo de tareas: hacer fotos a los productos de la tienda para poder subirlos a la base de datos y organizarlos según sus características. Es un trabajo más meticuloso, pero importante para que todo funcione bien.
Además, parece que el esfuerzo está dando sus frutos. Mi jefe ha valorado positivamente mi trabajo y, como resultado, me ha proporcionado un portátil mejor, un ThinkPad L14. Es un detalle que me ha hecho mucha ilusión y que también me motiva a seguir dando lo mejor de mí.
Fuera del trabajo, he seguido explorando la ciudad a mi ritmo. He descubierto un parque justo al lado de mi piso que me tiene completamente enamorado. No es que tenga nada especialmente llamativo, pero está lleno de vegetación y animales, y tiene un ambiente muy tranquilo que me encanta.
El martes también viví algo curioso: fui a ver el ambiente que se crea en la ciudad cuando juega el Atalanta, que esta vez se enfrentaba al Bayer. Es impresionante cómo se moviliza la gente cada vez que hay partido; aunque no entré al estadio, solo con estar por la zona ya se siente toda la energía.
No ha sido una semana especialmente movida en cuanto a planes, ya que también he pasado bastante tiempo en casa organizando cosas importantes para los próximos meses.
Y, por supuesto, no podía faltar la comida: esta semana fui a probar un plato típico italiano, la pasta carbonara. Me llamó mucho la atención lo diferente que es respecto a la versión española. En mi opinión, la italiana es bastante mejor: más sencilla, pero con mucho más sabor.
En general, ha sido una semana de progreso, adaptación y pequeños momentos que hacen que la experiencia Erasmus siga mereciendo la pena.
