Sexta semana: Única Parte

Otra semana que sólo tendrá una entrada. Además una cortita. En este caso no se debe a que no hayan pasado cosas, más bien se debe a que han pasado demasiadas cosas en muy pocos días.

La semana empezó como cualquier otra, pero se torció rápidamente. El miércoles tuve que teletrabajar puesto que me encontraba indispuesto por algún virus que me había pillado con la guardia baja tras el cambio de tiempo, pero lo peor empezaría esa noche.

A eso de las 00:00 me empezaron a entrar náuseas, dolor estomacal y malestar generalizado, y no pude dormir en toda la noche por un episodio bastante violento de gastroenteritis, el cual tuve que pasar totalmente aislado en el piso, a horas demasiado avanzadas como para poder avisar a nadie y sin tener la seguridad y el conocimiento de a qué números poder llamar o qué clínicas acudir para ser atendido de urgencia.

Esa misma mañana, con los espasmos y contracciones estomacales todavía presentes, pude contactar con gente del Instituto Cervantes que me acompañaron al hospital para recibir tratamiento. El resto del día lo pasé recuperándome lentamente, hasta que finalmente pude dormir un mínimo por la noche.

No obstante, al día siguiente, pese a encontrarme mejor del estómago, notaba una ansiedad e inquietud que absorbían toda forma de razón y resultaban ineludibles. Me encontraba vagando por la casa, yendo de un lado para otro sin poder pararme mucho tiempo en una misma actividad sin que me invadiera un malestar generalizado, con dolores en las articulaciones, dolor de cabeza y sensación de ardor en la piel. Cuando el sueño empezó a invadirme, todo intento de conciliar el sueño era totalmente en vano, ya que me invadían palpitaciones, dolores y espasmos musculares que me mantenían despierto.

Pasé toda la noche arrastrando estos síntomas, con los compañeros del Instituto Cervantes tratando de acompañarme a distancia, sin saber tampoco muy bien qué hacer al respecto, y no fue hasta la mañana siguiente, sin haber podido pegar ojo de nuevo, agotado de sueño pero incapaz de vencer a esa ansiedad e inquietud, cuando tuve que volver a ser atendido de urgencias para buscar una solución.

Si bien ya he podido dormir con algo más de normalidad, todavía sigo algo nauseabundo y un leve dolor de cabeza me recuerda estos días difíciles, pero poco a poco parece que voy mejorando, y que lo peor ha pasado. Veremos que nos depara esta semana que viene respecto a mi recuperación.

Quinta Semana: Parte 2

Como introducía en la primera entrada de la semana, este fin de semana aproveché para moverme por la zona. Aunque mi plan inicial era visitar Asilah, debido al escaso tiempo de planificación tuve que desviar mi atención a una visita más corta y cercana, Martil.

Martil es un pequeño pueblecito en la costa de Tetouan, y pude pasar parte de la tarde paseando con la agradable brisa marina, viendo el paseo marítimo, disfrutando de la comida local con mariscos frescos, y por supuesto, aprovechar la playa.

El resto del fin de semana aproveché para descansar en casa, pasar tiempo con mi pareja por su cumpleaños, y recuperar fuerzas para el resto del mes. Ahora ya sé que para la próxima visita a sitios que estén algo más lejos, debo planificarlo con más tiempo, y pasar al menos dos noches en el destino, si quiero que salga a cuentas. Así que con algo de suerte, a lo largo de las semanas que quedan habrá entradas más variopintas con mis diversos viajes por la región.

Quinta Semana: Parte 1

Esta quinta semana ha sido relativamente lenta, lo cual he agradecido después del caos que supuso la semana pasada, con las jornadas didácticas del fin de semana teniendo a todo el mundo, yo incluido, moviéndose sin parar, apagando fuegos y sin un momento de tranquilidad para asegurarnos de que todo saliera lo mejor posible.

Dicho esto, ha sido principalmente una semana de intentar recuperar energías, y centrarme en asuntos personales de mi familia y en ayudar a mi pareja.

No obstante, también he tenido momentos en los que he podido aprovechar mi estancia aquí. Por ejemplo, este viernes aproveché que es festivo en el Instituto Cervantes para visitar una pastelería cerca de mi casa y darme un buen desayuno tradicional con unas vistas espectaculares:

Se trata de un local pequeño, colocado justo frente a una de las paredes de la muralla de la medina local, decorado con un árbol central muy bien aprovechado para una mesita, con un ambiente relajado y agradable, adornado con música instrumental.

Los precios, para variar en Marruecos, son increíblemente baratos, con el desayuno que véis en la foto, acompañado de un zumo de naranja y té a la menta costando menos de 5 euros.

El desayuno consiste en varios panes marroquíes, los cuales por cierto, recomiendo encarecidamente. La cultura del pan en Marruecos es una auténtica delicia. Y estos van acompañados de queso fresco, mantequilla, miel, mermelada de fresa, aceitunas y amlou. ¿Qué es el amlou? Os preguntaréis. Se trata de una pasta que podríamos equiparar a la mantequilla de cacahuete para los estado unidenses, o a la nocilla en España. Se elabora moliendo almendras en un molino de piedra, y a la pasta que forman se le añade miel y aceite de argán, hasta dar con una mezcla que tiene una consistencia líquida y grumosa, y un sabor asombrosamente similar a la ya mencionada mantequilla de cacahuete, pero con ese toque dulce de la miel para equilibrar.

Por supuesto, este no es el único sitio que he visitado este fin de semana, pero ya hablaremos más en la segunda entrada de esta semana, que llegará esta tarde.

Cuarta Semana: Única parte

Voy a abrir esta tanda de entradas con una confesión. Todas las semanas me planteo «Venga, esta semana vamos a hacer una entrada a mitad de la semana y la segunda parte el domingo», pero estas primeras semanas entre unas cosas y otras está resultando imposible.

Esta semana en concreto ha sido una locura, no he parado de estar en movimiento, trabajando hasta ayer en unas jornadas didácticas que organizaba el Instituto Cervantes en conjunto con la consejería de educación de Madrid, el consulado de Marruecos y la academia regional de educación.

Se trataban de unas jornadas didácticas sobre la presencia de la IA en el ámbito educativo, y sobre cómo pueden los profesores de idiomas adaptarse a esta nueva realidad.

Para este año, querían celebrar las jornadas acogiendo por igual a invitados presenciales como a invitados en línea. Debido a que era la primera vez que organizan algo similar, necesitaban a alguien que supiera poner a punto el salón de acto y las 3 aulas principales en las que iban a realizarse talleres para organizar llamadas a través de Zoom, de forma que los participantes online pudieran interactuar sin problemas con el ponente y los participantes en persona.

Además de configurar la aplicación y gestionar sus opciones para el uso adaptado a cada aula, hacer pruebas de micrófonos y cámara y enseñar a los profesores a manejar la aplicación, el viernes y el sábado estuve presente durante las propias jornadas, para dar apoyo técnico y asegurar que hubiera los menores problemas posibles, solucionando los que pudieran surgir.

Finalmente, he de anunciar lo orgulloso que me siento de que, tras una organización con muchos factores e incógnitas que llegaban en los últimos momentos, desde ponentes que no podrían acudir, decisiones de última hora, compañeros enfermos cuya carga de trabajo recaía en mi, la incertidumbre de que los profesores pudieran manejarse bien con las llamadas… La jefa de estudios y organizadora de las jornadas, acabó sorprendida gratamente con lo bien que salió todo, agradeciéndome el esfuerzo y dedicación que llevé, tanto en pruebas previas como durante las jornadas, en las cuales no paré ni un segundo, confirmando que todo estuviera bien en 3 aulas de manera simultánea, llegando en el momento exacto en que había algún problema técnico con algunas de las reuniones, y, en general, asegurando que la parte técnica de las jornadas funcionara sin mayores problemas.

Como resultado, he de decir que estas jornadas también fueron una oportunidad perfecta, ya que la jefa de estudios se aseguró de invitarme a varias comidas y cenas con personal del Instituto Cervantes de varias ciudades a lo largo del mundo, como agradecimiento por el apoyo brindado, lo cual me permitió entablar una primera toma de contacto con ellos y conectar con la gran familia que conforma la red de Institutos Cervantes.

Además de las jornadas, esta semana pude finalmente cambiarme de piso, disfrutando ahora de unas condiciones de vida mucho más soportables, con lo cual estoy seguro de que en las semanas que quedan por delante tendré más tranquilidad y capacidad de cumplir esa promesa de separar las entradas a lo largo de la semana.

Pero en noticias peores, y sin entrar mucho en detalle por lo personal del asunto, siento que esta semana vaya a limitarme a una sola entrada en el blog. Mi pareja me espera en casa, y está pasando un momento de su vida muy complicado. Aunque mi plan original para hoy era hacer dos entradas como siempre, aprovechando que ya puedo dejar de lado las jornadas didácticas, me temo que no tengo fuerzas para escribir más de una, y espero que se entienda y se me pueda disculpar al respecto. A cambio, os dejo una serie de fotos de la Medina de Tetuán por la noche:

Tercera semana: 2ª Parte

Pues tal y cómo prometí, ha llegado el momento de hacer la segunda entrada de este blog.
También, tal y cómo prometí, va a ser una entrada más centrada en invitar a la reflexión.

Es una realidad, evidente para algunas personas, demasiado incómoda para aceptarla para otras muchas, pero una realidad al fin y al cabo, que nuestra sociedad actual está construida bajo un sistema disfuncional e inhumano, que incentiva el sufrimiento y sacrificio de la gran mayoría de la población, para garantizar que una ínfima proporción de gente pueda seguir disfrutando de privilegios, control e impunidad total ante la ley.

Esta realidad lleva con nosotros muchísimo tiempo. Desde la separación artificial entre lo que tan calmademente se denomina «Primer mundo y Tercer mundo», creada por unas naciones que, mediante la fuerza, invadieron, explotan y mantienen en una pobreza forzada a otras, con tal de obtener recursos y riquezas que terminan acaparando unos pocos.

Estos desequilibrios y abusos de poder se han reproducido en todas las etapas y escalas. Países fabrican una situación de inestabilidad en otros países para beneficiarse, gobiernos y empresas fabrican situaciones de inestabilidad entre gran parte de la población de sus territorios para beneficiarse, y esto terminamos viéndolo también incluso en escalas más pequeñas, en las relaciones de abuso y de dinámicas de poder, tanto en ámbitos profesionales, como educativos, como personales. Todas estas situaciones llevan dándose tanto tiempo que la mayoría de la gente prefiere aceptarlas, argumentando de manera falaz que así son las cosas y buscando motivos retorcidos para justificar los distintos tipos de abusos que se dan, mientras que otras personas no dan su acuerdo explícito, pero se limitan a encogerse de hombros, agachar las cabezas y repetir, casi como un rezo o un dogma, la frase «No se puede hacer nada».

Las personas víctimas de abusos y maltratos normalmente son convencidas por sus agresores de que es lo que merecen, o de que es algo normal e incluso beneficioso.
Dichos agresores también tienden a manipular el entorno de la víctima, haciéndoles creer que no pasa absolutamente nada, que la víctima está mal por otros motivos y el agresor de hecho está ayudando como puede, o incluso haciendo que la víctima quede expuesta como el verdadero problema.

De igual forma, llevamos generaciones enteras absorbiendo y manteniendo ideas de que tenemos que aceptar estas situaciones y prácticas, de que la única respuesta es seguir participando en un sistema que está diseñado para aprovecharse del dolor y el sacrificio de muchos, el creer que los problemas o los enemigos provienen de otras personas que son víctimas del yugo de un modelo económico en el que las vidas humanas valen menos que las herramientas de trabajo, de que es normal, aceptable e incluso justo que haya regiones del mundo en las que la vida sea imposible, porque gente con armas y recursos de otras regiones han decidido que quieren sacar provecho de ese sufrimiento. Las ideas de que no todos valemos lo mismo, de que hay que perseguir a individuos e incluso colectivos sencillamente porque no se ajustan a unas normas y estilos de conducta totalmente artificiales. De que tenemos que enfadarnos más con otra persona que está haciendo lo que puede por vivir un día más, mientras damos las gracias y prácticamente suplicamos a los billonarios que sigan explotando el planeta y sus habitantes para tener un poquito más de poder. De que cuando una persona a nuestro alrededor decide dejar de agachar la cabeza, y señalar lo mal que están todas estas cosas, hay que agredirla y recordarle cuál es su sitio, porque está perturbando e incomodando al impedir mirar a otro lado.
Todas estas ideas también son fabricadas y estrategizadas, por la misma gente que está en control de la dinámica de abuso de poder que es nuestra sociedad, y han hecho un trabajo excelente en convencer al pueblo de que es así, de que hay que callarse y aceptar injusticia tras injusticia, y de que aquellas personas que no se ponen de rodillas son alborotadoras y peligrosas.

Con todo esto, la reflexión a la que quiero llegar es que lo más duro de todo esto, es que ni una sale parte es en absoluto necesaria. Es un hecho más que sabido que, con los medios de producción y logística actuales, no tendría por qué haber escasez y falta de recursos. Es más que sabido que la pobreza, las hambrunas, las situaciones de falta de vivienda, los abusos y guerras que asolan nuestro día a día son perfectamente evitables, si tan sólo hubiera un reparto de recursos y de riquezas ético y humano. Si el objetivo de la sociedad fuera la mejoría de esta, y no el beneficio de una minoría a costa del sacrificio del pueblo llano.
Y es algo que tenemos el poder de parar, es algo en lo que el pueblo participa engañado, convencido de que no queda otra, sin darse cuenta de que al final del día es la clase trabajadora la que extrae esos recursos. Es la clase trabajadora la que los reparte. Es la clase trabajadora la que libra esas guerras, y mata y saquea a otros trabajadores, en nombre de una clase privilegiada que jamás se mancha las manos, que no aporta nada al mundo, que sólo drena y parasita al resto de la sociedad. Y es por esto mismo que, igual que una persona víctima de maltratos y abusos tan sólo tiene que decir «Se acabó. No voy a participar más en esta relación», la clase trabajadora tan sólo tendría que decir «Ya no más. No vamos a seguir participando en un sistema diseñado para destruirnos.»

Pero, igual que la persona víctima de maltratos, la clase trabajadora está paralizada por el miedo, confundida por las mentiras y agotada por los abusos… Porque es cómo actúan los maltratadores, saben que una persona asustada, confusa y agotada es una persona incapaz de tomar buenas decisiones, y escapar de una situación a la que ni siquiera habría tenido que llegar en primer lugar.

Pero lejos de pensar que «no podemos hacer nada» o que «es lo que hay», quiero que esta reflexión sirva para darse cuenta de que, igual que concienciamos, explicamos y ayudamos a personas víctimas de maltrato a decir basta, a recuperar su autonomía y tomar las riendas de sus vidas, es importante darnos cuenta de que no somos víctimas totalmente indefensas ante un mundo cada vez más sumido en el caos. Es algo que se puede parar, si tan sólo las personas de clase trabajadora a lo largo del globo empiezan a reclamar su autonomía y dejar de participar en los abusos de la gente que está en el poder.

Estos pensamientos vienen evidentemente condicionados por las situaciones actuales, en un panorama mundial en el que las atrocidades y barbaridades cometidas por esta minoría parecen ir en aumento a una velocidad vertiginosa, ya que han tomado la táctica de tapar atrocidades con más atrocidades, para generar esa confusión y agotamiento en sus víctimas, que nos vemos incapaces de lidiar con tanto tan de golpe.

Tercera Semana: 1ª Parte

Quiero abrir las entradas de esta semana aclarando que, debido al final de Ramadán, problemas en el piso y la presencia de los temporales, ha sido incluso más lenta si cabe que otras.
La primera mitad de la semana fue poco destacable, el único desarrollo que hubo fue la mala noticia de que al final me toca esperar hasta esta semana que entra para poder cambiar de piso, por lo que me tocaba lidiar una semana más con unas cañerías del váter y ducha que, lejos de hacer su trabajo de absorber, devolvían lo que fuera que les echaras.

El grueso de actividad del que vamos a hablar en estas entradas se concentra, por tanto, en estos últimos días de la semana, respecto a lo cual cabe destacar que este viernes fue oficialmente el final del Ramadán. A pesar de que es un día de grandes celebraciones, ya me advirtieron que estas se dan sobre todo en los propios domicilios de la gente, así que efectivamente, quitando los ocasiones ruidos de cañones y megafonías, fue un día especialmente tranquilo, en el que los negocios no abrieron en ningún momento, al ser festivo.

El sábado, es decir, ayer, recordé que cuando entré en el piso vi un bote que decía ser desatascador para WC de acción rápida. Por supuesto pensé «Oye, yo creo que esto necesita algo más que un desatascador, pero podemos probar a ver». Y aquí viene mi pequeño tip para futuros viajeros: Los países, especialmente fuera de la UE, no tienen las mismas regulaciones ni controles con respecto a productos químicos y semejantes que otros, así que siempre, siempre leed no sólo las instrucciones de un producto, si no su composición de ingredientes anets de usarlo.


Evidentemente, cómo podéis imaginar a estas alturas, yo no hice caso de este consejo. Y cual es mi sorpresa cuando tras abrir el bote y, gracias a los dioses, resistir la tentación de averiguar a qué huele, lo echo en las cañerías y empiezo a escuchar un siseo y ver un humo característicos que me hicieron darme cuenta «Esto es ácido puro». Efectivamente, estaba vertiendo ácido sulfúrico a un 96% de concentración en unas cañerías saturadas de amoníaco de las aguas residuales atascadas.

Aquí viene un segundo consejo. Uno que sí seguí: Si alguna vez mezcláis ácidos fuertes con bases débiles, ventilad y abandonad el lugar durante un par de horas o así. Cuando sea seguro volver, echad agua en abundancia durante varios minutos para diluir la concentración que pueda haber quedado.

Puesto que esta ocurrencia sucedió cerca de la hora de comer. Además de aprovechar para hacer turismo improvisado y sacar alguna fotografía de los alrededores, aproveché en lo que volvía al piso y, para hacer aún más tiempo, me paré a comer fuera en un restaurante que vi abierto.
Era un sitio en el que servían tanto pizza, como hamburguesas, platos y sandwiches. Me pedí un shawarma con acompañamiento, y he de decir que fue una experiencia de lo más refrescante.

Los precios, como es costumbre en Tetouan, siguen sorprendiendo al compararlos con los de Madrid. Los platos más caros, que eran las pizzas, no subían más allá de los 6 euros, mientras que los sandwiches rondaban los 2 – 3 euros, y, cómo veréis más adelante, esto no indica mala calidad en absoluto.


Al contrario de lo que podemos estar acostumbrados por los restaurantes de kebab en Madrid, con raciones gigantescas y sabores artificiales, en este caso me sirvieron un rollo bastante más fino, con carne de bastante buena calidad, jugosa y con suficiente sabor propio para acompañar al de las especias, en vez de ser enmascarado por las mismas, servido con una presentación que hacía salivar, y acompañado por una salsa mayonesa que encajaba perfectamente con el perfil de sabores. Por no mencionar que, pese a la diferencia de tamaño, la calidad de los ingredientes ayudó a conseguir la misma sensación de saciedad que con uno de los equivalentes con gigantismo que estamos acostumbrados a ver en España.

Y con esto cierro la primera entrada, habiendo documentado el que sin duda ha sido el día más interesante de una semana que, por lo demás, ha pasado sin pena ni gloria. Esta tarde subiré una segunda entrada, en la que aprovecharé para invitar a las personas que la lean a hacer algunas reflexiones que me parecen importantes hoy en día.

Segunda Semana: 2ª Parte

Durante la segunda parte de la semana se han dado dos acontecimientos que sí son dignos de anotar para la posteridad.

El primero de estos eventos sucedió el jueves por la noche, cuando acudí a un concierto cultural organizado por el Instituto Francés en el Teatro Español de Tetuán. El concierto venia de la mano de Songe d’Orient, es decir, Canción de Oriente, un grupo musical de París bajo la dirección de Raphael Mas.

Consistió en una hora y cuarto de diversos temas recorriendo la diversidad cultural del mediterráneo, con canto gregoriano, ritmos árabe-andalusíes, y toques renacentistas, con letras en un total de 12 idiomas, entre ellos árabe, persa, armenio, azerí, latín, español e inglés.

La única pega durante todo el concierto fue que mucha gente llevó a niños pequeños, que se aburrían y armaban alboroto, lo cual hacía difícil prestar atención plena a las estelares interpretaciones de la noche.

Además de música excelente, vi el Teatro Español por primera vez, y he de decir que fue una experiencia maravillosa. El sitio es bastante grande y bonito, además, al estar en balcón tuve la oportunidad de verlo desde una posición privilegiada.

También he de decir que fue la primera noche que salí a la calle, y la vida nocturna durante el Ramadán es increíble. Ves a gente entrando y saliendo de todas partes, los edificios están iluminados por la actividad que hay en ellos, y escuchas música y celebraciones por todas partes, por no mencionar los rezos en forma de cánticos.

Y bueno, el otro gran evento es que al fin he podido cuadrar las cosas con los caseros, y voy a poder moverme de piso. He de reconocer que este primer piso no fue la decisión más acertada del mundo. Caí en cogerlo porque me ofrecía una experiencia más barata, y pensé que siendo una persona y viniendo con el dinero justo, merecería la pena. Pero tras visitar la segunda opción, y sufrir en mis carnes el vivir en un piso mal aislado y con apenas equipamiento necesario para llevar una vida normal, me di cuenta de que si quiero aguantar cuatro meses en esta ciudad, merece la pena invertir un poco más y estar en un sitio en el que realmente pueda vivir con cierta comodidad.

Nos vemos la semana que viene, os recomiendo buscar Songe d’Orient y echarles un vistazo, ya que el vídeo grabado con la calidad de mi móvil no les hace justicia.

Segunda Semana: 1ª Parte

En verdad no hay mucho que contar sobre esta segunda semana. Al menos de la primera mitad, ya que el suceso más interesante forma parte de la siguiente entrada, la segunda parte.

Esta semana el tiempo ha seguido mayoritariamente marcado por un temporal de marcadas lluvias y bajas temperaturas, obligándome a salir lo mínimo posible de casa.

En el Instituto Cervantes ya soy como parte de la familia, y poco a poco me estoy convirtiendo en una pieza indispensable del mismo.

Fuera del trabajo, he encontrado una carnicería cerca de casa, así que las comidas han ganado en complejidad y perfil de sabores. La vida en Tetuán es lenta y relajada, especialmente durante el Ramadán, época en la que el grueso de la actividad se encuentra reservada a las noches, después de romper el ayuno.

Por eso mismo, esta entrada será una de las más cortas del blog, pero permaneced atentos, ya que la entrada de mañana si que contiene mi primera actividad en esta ciudad.

Una primera semana llena de retos.

Asentado en mi piso, armado con un número de móvil local y habiendo recuperado mi maleta perdida, llegó el momento de empezar las prácticas y hacerme a la nueva rutina.

He de decir que en el Instituto Cervantes, el centro en el que estoy realizando mis prácticas, me recibieron con un tratamiento muy cálido y cercano, era cómo estar en una segunda casa.

Me hicieron un tour por las instalaciones, y pude ver cómo funcionaban sus servidores, las distintas aulas en las que imparten clases, e incluso me pude familiarizar con su biblioteca, ya que debido a un malentendido sobre los horarios, llegué con una hora de antelación.

Fuera del instituto, pude hacer algunas compras en un Carrefour que hay cerca del aeropuerto, para aguantar en lo que encontraba pequeños comercios locales en los que ir sosteniendo mis compras semanales.

Así, cómo ya mencionaba en mi anterior entrada, aún no he podido explorar demasiado la ciudad, puesto que la mezcla de horarios extraños por el Ramadán, con el temporal de lluvias en el que nos encontramos, dificultan esta tarea. No obstante, eso no ha sido impedimento para aprovisionarme y preparar mis comidas, además de tener algún que otro incidente.

He de decir que el piso en el que estoy es extremadamente frío, debido a que está en una zona en la que el sol no da de lleno, y el aislamiento es inexistente. Pero la gente del Instituto Cervantes tuvo el detalle de prestarme una estufa con la que pude solucionar el que era mi mayor problema.

Todavía no hay mucho más que decir, ya que esta primera semana ha sido muy casera y centrada en superar dificultades y establecerme en la zona, pero pronto empezaré a recorrer las calles, empapándome del lugar y consiguiendo anécdotas que añadir al blog.

De momento, os dejo una galería con un par de platos que he ido preparando, y una muestra de la sección de verduras del Carrefour de Tetouan.

Los platos en cuestión son una deliciosa preparación con carne picada, patatas, zanahorias, pimientos, cebollas y especias locales, y un arroz con pollo, pimientos y curry que estaba para chuparse los dedos.

Primer contacto con Tetouan

Volando hasta Tetouan

El viernes 27, a las 5 de la mañana, ponía rumbo al aeropuerto de Barajas para empezar una aventura de 4 meses de duración en Tetouan, Marruecos.
A las 9 de la mañana me despedía de mi familia para entrar en la zona de embarques, sintiendo una mezcla entre excitación y curiosidad por las nuevas experiencias que estaba a punto de vivir.

El vuelo de Madrid a Casablanca no tuvo mayor inconveniencia. Pero una vez aterricé en el mencionado aeropuerto, en el que debía hacer escala, comenzó la verdadera aventura.
Al salir del avión, me encontré con un edificio cuya cartelería era escasa y poco esclarecedora, y un personal que respondía a las preguntas de mala gana, y sin posibilidad de comunicarse en español ni en inglés.
Con estas condiciones, navegué como pude por el lugar, manteniendo en mi mente la duda sobre si mi maleta de bodega iría directa a Tetouan, tal y cómo me aseguraron desde Barajas, o si realmente tenía que recogerla aquí de cara al siguiente tramo del trayecto.

Una vez pude encontrar una persona con la que hablar en inglés, me confirmó que ya sería en Tetouan dónde recogería y facturaría dicha maleta. Y sin más dilación, cogí el autobús interno del aeropuerto para dirigirme al siguiente avión, el que me llevaría a mi localización definitiva.

Se trataba de un avión de hélices, un modelo que parecía haber visto los cielos incontables veces, y, tras escuchar las típicas instrucciones de megafonía de los vuelos, explicadas primero en árabe y luego en francés, pusimos rumbo al fin.

Las vistas durante este segundo vuelo he de decir que fueron impresionantes. Sobrevolamos el mar durante varios minutos, sin nada de tierra a la vista hacia ningún lado. Una vez llegamos al continente, nos encontramos con otro mar, uno de nubes bajas y densas, que nos impedían ver lo que hubiera detrás de esa cortina, y finalmente, rasgamos esa cortina y empezamos a ver Tetouan.

Al desembarcar me llevé la primera mala noticia de mi experiencia. Mi maleta de bodega no había llegado, la mitad de mi ropa iba en ella. No obstante, el personal del aeropuerto de Tetouan era la antítesis del personal de Casablanca, todos me atendieron amables, con una sonrisa y esforzándose en comunicarse en inglés y español. Rellené una reclamación sobre la maleta y me informaron que les llamara el sábado para ver si venía en un vuelo programado para el domingo.

Con este aterrizaje forzoso, puse rumbo a mi primer estancia en Tetouan, un Riad situado en la Medina de la ciudad, llamado El Reducto. Allí pasé mi primera tarde/noche, llegué tan reventado que una vez pisé mi habitación, no salí de ella. Simplemente dejé mis cosas, miré dónde me podía hacer con una tarjeta SIM local para poder llamar al aeropuerto, me di un baño y acabé mi día sin ni siquiera cenar.

Al día siguiente, salía del Riad para ir a mi piso definitivo y de paso hacerme con mi tarjeta local. Esto terminó siendo una odisea mayor de la que pensaba.

Tetouan es una ciudad que está entre la costa y las montañas, esto significa que hay un sin fin de cuestas que superar, y no voy a negar que los últimos años de curso había sacrificado bastante mi forma física, al centrarme en los estudios.

Por si esto fuera poco, no tuve en cuenta que durante el Ramadán, los horarios de los negocios se vuelven bastante limitados, teniendo sólo unas horas muy concretas para poder hacer las compras que sean necesarias, con lo que al llegar a la tienda Orange, me la encontré cerrada.

No pasa nada, me dije. Me propuse buscar mi piso, y volver a salir por la tarde.

El camino a mi piso fue todo cuesta arriba, y desde la tienda Orange eran 33 minutos de paseo cargando con una maleta y un maletín, a pleno sol, sin haber cenado ni desayunado, porque caí en el error de pensar que ya podría desayunar tranquilamente una vez allí.

Al menos pude aprovechar para ver un poco la ciudad. Se trata de un lugar lleno de gatos callejeros, y comida que los locales les dejan a cada dos pasos. A diferencia de los gatos callejeros que puedas encontrar en zonas de Madrid, estos estaban totalmente acostumbrados a la presencia humana, y podías caminar a su lado sin que se perturbaran y salieran corriendo.

Cuando por fin llegué a mi piso, compré algunos suministros de supervivencia básica, y preparé mi primera comida. Unos sencillos macarrones con tomate y atún.

Con fuerzas renovadas, salí para hacerme mi tarjeta SIM, pero una vez más, fui víctima de los horarios de Ramadán. Acostumbrado a la vida en Madrid, esperé a las 18:30 a salir, y estaba todo cerrado excepto cafeterías y restaurantes. El motivo es que a las 18:00 los negocios cierran, ya que es la hora en la que comienzan los ritos y la gente empieza sus comidas de Ramadán.

Derrotado, volví a casa y me propuse hacerme con la tarjeta el próximo día costara lo que costara. Y así fue. Pude hacerme la tarjeta, contactar con el aeropuerto, y recibir la buena noticia de que podría recoger mi maleta sin problemas el domingo.

Y esto es todo por ahora. Esta tarde subiré otra entrada, en la que hablo de mi primera semana en Tetouan, de todas las dificultades, experiencias e impresiones que he ido experimentando.