Esta semana ha sido bastante interesante en el trabajo, ya que estuve en el área de VPH (virus del papiloma humano). Allí pude ver cómo funcionan los procesos de detección y, sobre todo, una de las máquinas más impresionantes del laboratorio: la BD COR™ PX. Si no me equivoco, ese es el nombre correcto, y la verdad es que es increíble tanto por su tecnología como por su precio, ya que cuesta alrededor de un millón de euros.
Es una máquina muy avanzada que automatiza gran parte del proceso de detección del VPH, lo que permite obtener resultados de forma más rápida y precisa. Me llamó mucho la atención lo sofisticado que es todo y la cantidad de muestras que puede procesar.
Además, esta semana en el hospital trajeron comida para compartir en la merienda, lo que hizo el ambiente aún más agradable. Fue un momento muy para desconectar un poco, charlar con los compañeros fuera del ritmo habitual de trabajo.
Por otro lado, la semana también ha sido muy agradable fuera del trabajo. Por fin dejó de hacer frío y hemos tenido bastante sol, lo cual se agradece muchísimo. Además, como ya estamos en primavera, toda la zona del hospital está llena de flores. Pasear por allí en los descansos se hace mucho más agradable y da una sensación muy bonita de cambio de estación.
Pasé un fin de semana inolvidable en Ámsterdam durante Semana Santa. Mi madre vino a visitarme y decidimos hacer un pequeño viaje juntas, así que cogimos un tren hasta allí con mucha ilusión. Estuvimos tres días que se nos pasaron volando.
Desde el primer momento, la ciudad nos enamoró. Los canales, con sus barquitos navegando tranquilamente, crean un ambiente precioso. Pasear por sus calles rodeadas de casas estrechas y con fachadas tan bonitas parecía sacado de un cuento. Cada rincón tenía algo que mirar y fotografiar (y a mi me encanta hacer fotos).
Uno de los momentos más especiales del viaje fue visitar la Casa de Anna Frank. Fue una experiencia muy emocionante e impactante, que nos hizo reflexionar mucho. También fuimos al museo de Van Gogh, uno de mis artistas favoritos, y fue increíble poder ver sus obras en persona.
Además, el viaje tuvo una sorpresa muy bonita: una amiga mía estaba en Holanda visitando a su hermana que vive allí, así que aprovechamos para vernos. Pasó un día entero con nosotras y fue genial poder compartir ese tiempo juntas en una ciudad tan especial.
Si tuviera que elegir lo que más me gustó de Ámsterdam, sin duda diría que es la ciudad de noche. Las luces amarillas reflejadas en los canales crean una atmósfera mágica y muy acogedora. Pasear en ese momento del día fue, sin duda, lo más bonito del viaje.
¡Ya llevo un mes completo! La verdad es que mi experiencia está siendo muy guay y la estoy aprovechando al máximo. Cada día aprendo algo nuevo y vivo cosas diferentes, y aun así siento que todavía me queda mucho por hacer y descubrir.
Esta última, la cuarta semana, ha sido especialmente curiosa por el clima. Ha estado bastante raro: en un mismo día llegó a nevar, granizar y, al poco rato, salir el sol como si nada. Fue sorprendente ver tantos cambios en tan poco tiempo.
El fin de semana decidí aprovecharlo bien, así que fui a visitar el museo de Victor Horta. Él fue un arquitecto belga muy importante y uno de los principales representantes del Art Nouveau, un estilo artístico que se caracteriza por sus formas curvas, inspiradas en la naturaleza, y por su gran atención al detalle. El museo me pareció precioso y muy interesante.
Después de la visita, salí a comer por la zona y fue el plan perfecto para cerrar el día: buena comida, buen ambiente y tiempo para seguir disfrutando de la experiencia.
Para empezar, trabajé en el área de biología molecular, utilizando la técnica FISH. Fue algo completamente nuevo para mí y me permitió aprender mucho sobre cómo se pueden visualizar secuencias específicas de ADN dentro de las células. Sin duda, mi parte preferida fue utilizar los microscopios de fluorescencia, ya que nunca antes había usado uno. Me pareció fascinante ver cómo las muestras emitían un color dependiendo de lo que se buscaba.
Tarde de paseo
Además del trabajo en el laboratorio, también tuve tiempo para desconectar un poco. Un día salí a pasear por un barrio que me llamó mucho la atención, ya que estaba lleno de casas bonitas y típicas, con mucho encanto. Me gustó especialmente fijarme en los detalles, como las puertas, así que decidí hacer fotos a algunas de ellas.
Después de ese paseo tan agradable, aproveché para quedarme por la zona y fui a merendar. Fue un momento tranquilo, perfecto para relajarme y disfrutar del ambiente después de un día tan completo.
Durante los últimos días he estado trabajando en el área de biología molecular, y aunque no es lo que más me gusta, he tenido la oportunidad de aprender a utilizar una máquina bastante completa que permite realizar distintas técnicas como FISH, CISH e inmunohistoquímica.
Me sorprende ver cómo la tecnología puede automatizar y optimizar procedimientos tan delicados como esos.
En este caso, estuvimos trabajando con la CISH. Algo interesante es que luego me dejaron visualizar los resultados al microscopio.
Más allá del laboratorio, también he tenido momentos para desconectar. Esta semana descubrí un nuevo sitio para almorzar que rápidamente se ha convertido en uno de mis favoritos. Tiene un espacio al aire libre perfecto para sentarse bajo el sol, algo que se agradece muchísimo aquí. Poder hacer una pausa, comer tranquila (ya que aquí suele venir menos gente) y disfrutar del buen tiempo hizo.
Fin de semana
El fin de semana fue más relajado. Decidí ir a caminar por el centro, sin prisas, simplemente disfrutando del ambiente. Luego, me senté en un sitio para desayunar. Tenía una ventana con vistas a la calle, me quedé un buen rato observando los pequeños detalles de la ciudad.
También aproveche para caminar un rato bajo el sol. Aunque ya he estado anteriormente en el centro, siempre descubro algo nuevo.
Este fin de semana decidí salir a dar un paseo por el centro. Esta vez no tenía un plan específico, simplemente caminar y dar un paseo. Algo que siempre me llama la atención son las casas típicas de Bruselas: suelen ser altas, estrechas, y con muchos detalles y colores diferentes.
Mientras caminaba, fui descubriendo nuevas calles nuevas hasta que llegué a una calle que terminaba con una catedral al fondo. Me quedé por la zona un rato, disfrutando del ambiente tranquilo y de la arquitectura. Aprovechando la zona bonita, decidí quedarme a comer por ahí ya que estaba lleno de restaurantes. Era un restaurante japonés y me pedí un bowl de arroz con pollo y verduras. Mi mesa estaba junto a una gran ventana así que podía aprovechar el sol y las vistas del barrio.
Aunque Bélgica es un país que muchas veces parece vivir con nubes y lluvia, cuando sale el sol es algo especial. Personalmente, son mis días favoritos. Cuando el cielo está despejado puedo ver el atardecer desde mi ventana, y ese momento en el que la luz cambia y todo se ve naranja.
Uno de los lugares más emblemáticos que he tenido la oportunidad de visitar en Bruselas es el impresionante Atomium. Desde lejos ya llama muchísimo la atención, pero subir a él es una experiencia completamente diferente.
Durante la visita pude recorrer su museo interior, donde se explica la historia y el significado del monumento. Algo que me pareció especialmente interesante fueron las salas con luces y exposiciones dentro de las diferentes esferas. En algunas de ellas había instalaciones visuales muy llamativas con luces de distintos colores que representaban elementos y estructuras, creando una atmósfera casi futurista. Caminar por los túneles que conectan las esferas también es una experiencia curiosa, porque parecen pasillos de una nave espacial.
Pero sin duda, uno de los mejores momentos fue subir hasta la esfera superior, donde se encuentra la vista panorámica. Desde allí se puede disfrutar de una vista de 360° de toda la ciudad de Bruselas, lo que permite apreciar la ciudad desde una perspectiva completamente diferente. Ver la ciudad desde esa altura fue realmente impresionante.
.
El “tour” por los hospitales
En mi experiencia dentro del hospital, una de mis partes favoritas del trabajo es lo que ellos llaman el “tour”.
El hospital en el que trabajo, el Institut Jules Bordet, no está dentro del hospital general, sino que es un edificio separado del Hôpital Erasme. Además de estos dos, hay otros hospitales dentro del mismo complejo.
Lo curioso es que todos están conectados entre sí de forma subterránea. Para empezar el tour tenemos que bajar hasta el nivel -2, donde se encuentran los pasillos que conectan los diferentes edificios. Desde allí nos movemos por el complejo hospitalario y vamos subiendo a los distintos hospitales según las muestras o tareas que tengamos.
Durante este recorrido pasamos por muchas áreas diferentes del hospital, lo que hace que cada día sea distinto. Entre ellas están: endoscopias, fertilidad, área de orina, genética, biopsias, etc.
Este recorrido permite ver cómo funcionan distintas partes del hospital y entender mejor el flujo de trabajo entre departamentos.
El “día de la tiroides” en citología
Otra curiosidad del hospital ocurre en el área de citología. Los viernes tienen algo que llaman “el día de la tiroides”.
Ese día, muchos pacientes acuden al hospital para realizarse punciones tiroideas. Estas muestras se van obteniendo a lo largo del día y nuestro trabajo consiste en ir a recogerlas en distintos momentos según se van realizando.
Esto hace que el viernes sea un día especialmente dinámico, ya que tenemos que estar pendientes de las diferentes horas en las que se realizan las punciones para poder recoger las muestras y llevarlas al laboratorio para su análisis.
Nada más instalarme en mi piso, decidí ir directa al centro. Quería conocer el lugar más emblemático de la ciudad, el impresionante Grand-Place.
No exagero si digo que me dejó sin palabras. Es una plaza rodeada de edificios históricos decorados con detalles dorados y muchas esculturas.
Arte surrealista en el Museo Magritte
El sábado decidí hacer algo más cultural y visité el Museo Magritte. Siempre me ha llamado la atención el arte, pero ver las obras de René Magritte en persona fue otra experiencia.
Sus cuadros son algo curiosos y te hacen pensar. Además, compre la audioguía que me permitía conocer las historias e ideas detrás de cada cuadro.
Gastronomía belga
No podía irme del fin de semana sin probar la comida típica. Probé los famosísimos gofres belgas. Los comí recién hechos, con chocolate y frambuesas, y puedo confirmar que no tienen nada que ver con los que había probado antes.
También me animé con uno de los platos más tradicionales: el Carbonnade à la flamande (una carne cocinada a la cerveza). Es una ternera preparado con cerveza belga, cocinado a fuego lento, ligeramente dulce y súper tierno.
Priemeros días en el Hospital Erasme
El hospital es enorme. El primer día me perdí varias veces intentando encontrar mi área. Pasillos interminables y ascensores por todas partes. Yo estoy en el quinto piso, y ya solo llegar hasta allí fue todo un logro.
El idioma principal es el francés, y entre ellos hablan francés constantemente. Pero conmigo se comunican en inglés, lo cual me ha facilitado muchísimo las cosas. Además, para mi sorpresa, algunos compañeros son españoles, así que en ciertos momentos pasamos del francés al inglés… y del inglés al español.
Nada más llegar me hicieron un tour completo por todas las áreas del laboratorio de Anatomía Patológica. Me enseñaron cada sección y me explicaron cómo funciona el flujo de trabajo desde que llega la muestra hasta que se emite el diagnóstico.
Ese mismo día me pusieron manos a la obra. Empecé practicando cortes con muestras de práctica, algo que me hizo muchísima ilusión porque por fin estaba aplicando lo que he aprendido. También pude ver el área de tallado, donde preparan las piezas quirúrgicas. Allí vi órganos como vesículas y apéndices.
El segundo día fue todavía más interesante. Estuve observando muestras cervicouterinas con HPV al microscopio. Además, era un microscopio doble, así que podía mirar al mismo tiempo que la especialista mientras me iba explicando lo que estábamos viendo. Fue una experiencia súper enriquecedora, porque no solo observas, sino que entiendes cada detalle.
Y como si fuera poco, también vi mi primera autopsia. Antes de entrar no sabía muy bien cómo iba a reaccionar, pero por suerte no me sentí mal. Fue una experiencia impactante, pero también muy interesante.
La hora de almorzar… al sol
Hay algo que me llamó mucho la atención: como en Bélgica están tan acostumbrados a las nubes y la lluvia, cuando sale el sol, aunque sea un rato, todo el mundo sale fuera.
A la hora de almorzar, si hace buen tiempo, los belgas salen con su comida y aprovechan cada rayo de sol. Y yo me he unido a la tradición. Las veces que hemos ido a comer fuera he estado sentada bajo el sol, disfrutando del momento como una más.