¡Hola a todos! Arrancamos la semana 12 y tengo que admitir que ha empezado con un sabor bastante agridulce, porque ya me queda menos de una semana en Bérgamo y la nostalgia está empezando a pegar fuerte en el cuerpo. En el ámbito laboral he estado a tope en el taller reparando todo tipo de equipos informáticos y de hardware, pero esta semana me ha tocado el gran logro y la satisfacción técnica de meterle mano por primera vez a una PlayStation 5, desarmándola por completo y solucionando el fallo, lo cual ha sido todo un hito profesional antes de volver a casa; aunque la verdad es que ya sé que voy a echar muchísimo de menos este ambiente de trabajo, los retos diarios y el día a día aquí cuando regrese a España. En lo personal, la ciudad se siente de repente mucho más vacía y silenciosa porque la gran mayoría de la gente que estaba de Erasmus ya ha terminado sus contratos y se ha vuelto a sus respectivas ciudades, y entre ellos se ha ido mi compañero de trabajo, por lo que mis planes sociales sin ese grupo tan guapo y dinámico que habíamos montado con él y sus compañeros de piso se han quedado un poco en modo pausa y el ritmo de las tardes ha cambiado por completo. Por si fuera poco el bajón de las despedidas, el clima italiano ha decidido darnos la bienvenida a la recta final con un subidón de temperaturas brutales y un bochorno veraniego para el que, os lo prometo, no venía nada preparado con la ropa que metí en mi maleta hace meses. Lo mejor de estos primeros días, sin duda, fue irme a comer con mi compañero de trabajo para tener nuestra propia despedida como dios manda, disfrutando de la gastronomía local y prometiéndonos que esto no es un adiós definitivo, sino un simple hasta luego, y que nos volveremos a ver en el futuro en España para recordar todo esto con una buena cerveza en la mano.