Termino la semana con la sensación de estar cerrando etapas, aunque solo lleve poco más de un mes aquí. El fin de semana ha sido una mezcla de organización doméstica y un pequeño paréntesis en el aislamiento que me he autoimpuesto por el estudio.
Gran parte del domingo la dediqué a la logística de la semana que viene: cocinar para tenerlo todo listo. Preparé arroz con pollo para los días de oficina, aunque calculé mal las cantidades y me ha salido menos de lo que me hubiera gustado. Es el tipo de error tonto que, cuando estás solo en el extranjero, te recuerda que todavía estoy ajustándome a gestionar mi propia rutina de forma eficiente.
A esto se le suma el peso del examen que mencioné anteriormente. Sigo sumergido en los apuntes, preparando la materia con la vista puesta en mi regreso a España, que será cuando me examine oficialmente. Estudiar a distancia, sin la presión inmediata de un aula pero con la responsabilidad de no quedarme atrás, requiere una disciplina que a veces agota más que el propio trabajo.
A pesar de que me paso el día entre el trabajo y los libros, es imposible ignorar el entorno. Todavía no he hecho «turismo» como tal, no he ido a visitar monumentos ni museos con guía en mano, pero Bérgamo tiene algo que te entra por los ojos sin buscarlo. Su arquitectura antigua es increíble; basta con levantar la vista mientras camino al trabajo para apreciar la historia que desprenden sus fachadas y sus calles empedradas. Es un privilegio estar en un sitio tan bonito, aunque por ahora solo lo vea de paso.
Ayer domingo hice una excepción en mi rutina y salí a tomar algo con un pequeño grupo de Erasmus. El motivo era agridulce: uno de los chicos se vuelve definitivamente a España. Ha tenido problemas de convivencia en su piso y ha decidido que lo mejor es regresar. Me da lástima, porque era de las pocas personas con las que realmente sentía que podía conectar a un nivel más profundo. Su marcha refuerza un poco esa sensación de que aquí las relaciones son efímeras o, a veces, difíciles de encajar si no compartes el mismo estilo de vida.
Entre los libros, los tuppers para el trabajo y estas despedidas inesperadas, la semana se cierra con la mente ya puesta en las visitas que están por llegar, que serán el respiro que necesito para salir de este bucle.
